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miércoles, 18 de octubre de 2017

Pasarán tres meses, pasará el otoño. Pasaremos.

Ya llevo tres tazas de café, le puse play a la música que me hace deslizar los dedos por el teclado y he decidio escribirte una carta. 

¿El motivo? Porque la vida son dos días, porque el sol que se filtra por la venta está bellísimo y llena de calor la oficina, porque el sol me renovó, pero sobre todo,  porque a pesar de todo extrañaré lo nuestro. 

Me dijeron que las cartas logran liberar un pedacito de alma y por eso estoy aquí, intentando liberar aquellos demonios que me hicieron soñar, creer en un futuro. No me voy, no te dejo, pero sé que me harás falta, porque somos dos plumas al viento que llevan coordenadas diferentes, somos esas líneas paralelas que duelen.

Un sorbo más al café y mis labios se siente calientes, y en un deseo desesperado buscan la complicidad de los tuyos, pero todo esfuerzo es en vano, porque formamos un iceberg, porque nos prohibimos, porque nunca nos prometimos nada, es cierto, porque me soltaste. 

Pasarán tres meses, pasará el otoño, pasará lo nuestro. Pasaremos. 

Nos debemos la playa, nos debemos el festival, dejaremos que los obsequios de navidad lleguen por estafeta, o no, tal vez sea mejor que lleguen de mano a mano, con un abrazo y un "lo siento, te quiero",  porque esta complicidad que va más allá de las sábanas, la sala y cada rincón seguirá allí, porque los atardeceres desde tu ventana serán siempre mi más grande fascinación. 

Dejemos que pase la tormenta, mi tormenta, que se vayan las dudas y entonces, así como la última gota de café en el fondo de la taza, así quedemos, libres de saturación emocional, libres de poder amar más allá de los dos.

domingo, 18 de junio de 2017

Ambos perdimos.

No me enteré hasta esta mañana en la que desperté deseando tu perfume, ambos perdimos y es cruel revelar la verdad.

Te perdí y me perdí. Te perdiste y me perdiste. Hoy nos perdimos.

Me encontré soñándote, intentando recordar como se ve  tu cabello castaño al aire y tus piernas desnudas cuando usas vestidos.
Tal vez fueron las flores que nunca te envié y que siempre deseaste recibir en la oficina. Tal vez fueron tus atenciones hacia mi, quizá la cobardía de los dos,  el caso es que perdimos.

Nunca te dije cuánto deseaba besar tus labios cada anochecer, nunca te dije lo importante que eres para mi, quizá los pequeños detalles me parecían justos, ahora me doy cuenta de que no fue así.
Te perdí, me perdí.

El aire se cuela por la ventana y me percato de que tú ya estás infiltrada en mi corazón, abriste una puerta que creía cerrada, imposible.
Creo que esa es la razón por la que me aterra tenerte siempre tan contigua, por la que prefiero fugarme, desaparecer ocasionalmente de nuestro radar.

Eres bella y yo nunca te lo dije, es mi error y lo reconozco. Eres aire, tan volátil, y apenas me doy cuenta de que unas palabras mías te hubieran hecho pesada y de esa forma te hubieses podido quedar a mi lado. Fallé.

Ambos perdimos. Te dejé ir por miedo. Me dejaste ir por miedo. Nos dejamos ir.

Hoy te perdí y no sé si pueda hacer algo por recuperarte, para que te quedes adherida a mi corazón. Tan mía, tan tuyo, porque te amo.
Ambos perdimos, yo te perdí, yo te alejé, perdón.

martes, 17 de enero de 2017

Aquí seguimos.

Quiero pedirte una disculpa, lamento en verdad haberte abandonado por tanto tiempo, pero es que necesitaba volver a mis raíces, de dónde nació esta idea, de dónde surgió extranjera. 

Pasé meses escribiendo a la luz del foco de mi habitación, en las noches de cansancio y con los ojos amorataditos por las marcas heredadas, esas ojeras profundas que alguien alguna vez me dijo le fascinaban. Escribía a papel y tinta, en mi vieja libreta de portada color azul turquesa, y como nuevo hábito, también bañé las páginas de una vieja moleskine que me sirvió de agenda. 

Allí quedó plasmado casi todo mi año 2016, los besos, los recuerdos, pieles que intento olvidar, porque el pasado debe quedar allí. En esas páginas quedaron las noches con mis amigos, las comidas con la familia, los viajes fugaces y los nuevos aprendizajes, mi crecimiento. Experimenté tanto en aquel año que hoy sólo me queda esperar grandes cosas en mi porvenir. 


Perdón, nuevamente por esta distancia que vivimos tú y yo, pero es que hay que veces que se necesita un respiro para poder retomar lo que uno ama en verdad; y no, no dejé nunca de escribir, sólo dejé de publicar. No he dejado de soñar con alguna vez ser más que una escritora amateur, una bloggera de poca monta que intenta penetrar en las vidas de los demás, tal vez, como lo hizo la chica de los converse, ser más que un personaje solitario. 

Me gusta tu compañía, tus buenos recuerdos y que me alientes a no parar, a no dejar éste espacio que nació de la necesidad de poder comunicar mis sentimientos, mis virtudes, mis defectos, mis deseos, pero sobre todo, que se engendró para poder resolver mis conflictos, hacer catarsis, sí, esa catarsis aristotélica tan profunda y desesperada, pero tan necesaria en el ser humano, en el artista, en el escritor frustrado.

Y aquí estoy, nuevamente, con un año nuevo que me sonríe, lleno de crecimientos, de aprendizajes, porque hace no mucho emprendí un camino nuevo, y aunque empiezo apenas a tomar el ritmo de esta carretera, el peaje ya está pagado y es momento de tomar las riendas de mi vida. 

Gracias blog, por haberme esperado, por todos estos años con tu compañía, por esperar a que alguna vez regresara Extranjera en el 8-C. Aún nos queda tanto por escribir, por compartir.

Gracias lector anónimo. 

Sobre todo gracias totales a TI,  porque me enseñaste con tu ejemplo a luchar por los sueños, a realizar metas y proyectos, así que gracias por ser un faro en mi camino.

lunes, 31 de octubre de 2016

La cereza

Estaba allí, en medio de la tarta, una sencilla cereza, roja, en silencio, quieta como un amante esperando la embestida final. 
La veía y era como si aquel pequeño fruto rojo bañado en almíbar me invitara a comerla, me incitaba a tomarla por el pequeño rabo entintado ya por la conserva. 

El éxtasis invadía más y más mi cuerpo, era una sensación triste y alegre, punzante. Pero algo me detenía a ir por ella, a comer aquel manjar que seguramente fue el primer fruto prohibido, y no la manzana como nos cuenta la religión. Seguro fue este pequeño y suculento manjar el que nos arrojó del paraíso a esta mundo en decadencia. 

Estaba tan pequeño que no podía entender como es que acaparaba mi atención, el final estaba cerca, nadie más veía con tanta excitación aquel pequeño mundo, aquel sol de la tarta en donde giraban al rededor las demás frutas. 

La fascinación me bañaba, y entonces apareciste tú, con esa sonrisa inocente y sensual, con la intención misma de robarme aquel fruto sexual. Llegaste y con la decisión que no podría haber previsto acercaste tu brazo a aquella tarta, tus movimientos lentes se iban directo a mis pupilas y de ellas a mi estómago, donde dicen reinan las emociones. Sentía nacer una excitación aún mayor, sentía que algo dentro de mi estallaría si no hacía  mía aquella cereza, si no lograba detener tu misión, pero por un fragmento de segundo tus movimientos pasaron a ser rápidos y entonces la cogiste, sujetaste el rabillo ejerciendo presión entre tu dedo medio y el pulgar, el rabo de aquella galaxia rojiza moría entre la fuerza delicada de aquellos dedos. Entonces me viste.

Notaste como mis ojos estaban clavados ante esa escena microscópica, en aquel cuadro en el que una batalla sorda se llevaba  acabo entre la cereza y tus dedos, me viste anonada y podría jurar que la excitación, que  para ese entonces recorría mi cuerpo entero, emanaba de mis ojos cuál fuego. Tal vez fueron aquellas mejillas mías que se tornaban del mismo rojo intenso de aquella cereza las que hicieron animarte a hacerme la invitación, esa invitación que me excitaba aún más, haciendo descender los mares de mis entrañas, mojando el cachetero que aquella tarde de sábado había elegido utilizar. 

Me miraste directo a los ojos para romper mi embeleso hacia el fruto en almíbar. Me sonreíste con la intención inocente y sexual que un hombre como tú podría emitir, entre tímida e incitante, a medio diente pelón y con labios que morían en una comisura casi perfecta; me invitaste con un ven, que sólo pude leer en tus labios una vez muerta tu sonrisa. No había ruido, pues la pasión había enmudecido todo al rededor, para poder acrecentar mis latidos, el único sonido que importaba, el de la pasión, el de la excitación.

Acepté tu invitación y me acerqué, sin pensar ni un instante, como robot prediseñado a cumplir las ordenes de sonrisas como las tuyas, y allí estaba, apartándome de la tarta para chocar casi frente a tu pecho, para verte con esa mirada de hombre feroz. Me tomaste de la mano y me apartaste de la fiesta, me llevaste a un salón lejano, lejos del bullicio que sólo tú podías escuchar, puesto que apenas estabas siendo víctima de la excitación que a mi hacía ya minutos atrás me había aprisionado.

Cuando llegamos a la pieza, elevaste tu mano y allí estaba mi manjar deseado, la cereza, inerte entre tus dedos medio y pulgar, más bajos que los otros tres restantes; la elevaste aún más, más allá de mi boca, exhortándome a doblar la cabeza para atrás, dejando vulnerable mi cuello blanco y decorado por un par de lunares. 

La excitación volvió a bajar mis mares internos y una nueva ola salía mojando aún más mi prenda íntima. Bajaste de a poco la mano, tan lento para hacer crecer aún más mi deseo por aquella cereza culpable de este nuevo juego siniestro que apenas empezaba entre ambos, entonces la sentí en mi lengua, el pequeño fruto rojo medio húmedo por el almíbar tocaba sutilmente mi lengua, encendiendo mis papilas gustativas y un poco más. Cerré la boca para romper aquella delicia de su tronco, mientras tú tomabas con una mano mi glúteo, apretando y arrojándome a tus brazos.

Quitaste tu mano de la altura y mientras sentía la pequeña fruta roja morir entre mis dientes, besaste mi cuello, uniendo con tus labios los lunares pequeños que allí viven, sin soltar mis nalgas, sin apartarme de tu pecho encendido. 

La cereza bajo por mi garganta, y al sentir aquel moviente, con la experiencia que pensé no tendrías, dejaste caer el rabo de la cereza en el piso de aquel salón que era testigo del encuentro, y con esa misma mano tomaste mi cabeza y sin más, clavaste tu lengua en mi boca, tus labios expertos encendieron lo que aquella cereza había comenzado. 

Sentía crecer algo más que la propia excitación. Sentía cómo mis labios eran para ti lo que aquella cereza lo fue para mi. 
Mi  roja y palpitante legua estimulaban tu deseo como aquella fruta roja había hecho conmigo.
La excitación no paró, no cedió, y entonces tocaron a la puerta y nos movimos al armario, y entonces nadie entra, pero nadie sale del armario. 

jueves, 26 de mayo de 2016

La tarde en que mi Moleskine secó mis lágrimas

Siento como el sudor recorre cada parte de mi cuerpo, lo siento nacer y morir como las lágrimas esta tarde infernal de Mayo. Mis ojos son dos presas que  liberan una inmensa cantidad de agua salada que pega mis pestañas maquilladas con un rimel que supuestamente era a prueba de agua. 

El calor de mi cuerpo aumenta con el desconsuelo, es tan incómoda esta sensación que decido dejar el llanto de lado para poder escapar de este lugar, de esta habitación que hoy la siento más como una prisión que como un refugio. 
Me dirijo al baño y me lavo la cara, siento la sensación fresca del agua del grifo tocar mi piel, siento como poco a poco cae el maquillaje para yacer en el desagüe, es tan purificante la sensación de mis pestañas livianas, sin el peso del rimel mezclado con las lágrimas. 

Cojo de la mesa de centro las llaves del auto. Salgo de mi casa con mi moleskine en mano, mi bolígrafo ultrafino y mi pequeño monedero rojo.  Quiero azotar la puerta, pero, ¿qué culpa tiene ella de esta sensación que me ahoga? ninguna. Subo al auto y lo pongo en marcha. Aumento el volumen del estéreo y la música apachurra cada vez más mi corazón. 

¿A cuál lugar se va cuando uno se siente así? Manejo, sólo manejo, entro a aquella plaza comercial y estaciono el auto. Me bajo con mi pequeño arsenal de cosas y me dirijo al local A-07. Entro en la pequeña cafetería y voy directo al mostrador: Un latte macchiato con extra de café. Me siento. Quiero seguir llorando pero estar en un lugar público me detiene, es lo que buscaba, dejar de llorar antes de que mi alma se secara por completo, antes de que aumentara el hueco de alma que él se había robado meses, muchos meses atrás. 

Doy un pequeño sorbo a mi café y abro mi moleskine en una página en blanco -desde pequeña amé escribir en hojas blancas- y comienzo a narrar la historia de los dos. Intento no llorar, pero las lágrimas pérfidas sucumben al dolor, se doblegan y emanan de mis ojos. Evito que rueden más allá de mis mejillas, tal vez lo que debí haber evitado con él, que no bajara más allá de mis mejillas, que no doliera en el corazón. 


Un puñado de páginas me sirven para narrar la noche en que lo conocí, nuestra segunda cita, nuestro primer baile. Los besos, las caricias, sus secretos que me duelen guardar -porque ahora sé que lo conozco tan bien que nadie podría superar eso-. La primera vez que sentí celos en toda mi vida, la vez en que me dijo te quiero, nuestro beso de despedida, el dolor en el pecho, el silencio, la ausencia y su regreso....Su insistencia, su forma de conquistarme nuevamente, su mano en mi mano como un gesto de "no me dejes", mi amor por él, mis ojos nuevamente enamorados, su mirada embelesada y  perdida en mis ojos, en mi rostro, su forma de besarme, mi forma de hablarle. 


En la libreta de pasta de negra cupo también aquella bella noche de viernes en que me abrió su corazón completamente, en la que me habló de la forma más sincera después de su regreso, después de la segunda oportunidad que le di. La emoción en sus palabras y sus actos, la manera en que me envolvió en ellos, la forma en que él me contagió  de entusiasmo acerca de esta nueva etapa que los dos viviríamos. 


Escribí sin parar, ignorando por completo mi latte macchiato con extra de café, sin darme cuenta que poco a poco la nata quedaba allí y la espuma desaparecía. Escribí de su nuevo adiós, de su necesidad de superar el pasado para que no siga jodiendo su presente, de su esperanzador futuro conmigo si es que todo salía bien.

Mi moleskine fue la primera en saber que yo lo entendía, que en verdad podía entender que necesitaba sanar y arrancar esos miedos y esas ataduras del pasado, que sabía perfectamente que si lo hacía era porque en esencia no es malo, pero todo ese rencor y todo ese temor, le hacían a veces actuar con malicia pueril, salvaguardando su corazón, pero destruyendo el ajeno. Mi moleskine bañada en la tinta de mi pluma ultrafina guarda eso, eso que probablemente no me atreva a decirle jamás, porque sin duda, por más que entienda, esto que me hace me duele, me lastima y me rompe. Y eso, eso no se perdona fácilmente. 

Cierro la moleskine  y tapo mi bolígrafo con la esperanza de que no me vuelva a buscar -o por lo menos es mi deseo actual, tal vez sea el arrebato del momento-, porque mi corazón roto no sé cuánto más pueda resistir, que si de por si la ausencia duele, nada mata más que la intermitencia. 


Seco aquella lágrima estólida que traicionera sale de lo más profundo de mi dolor, levanto la mirada y puedo ver a un sujeto mirando anonadado, fascinado, perdido completamente en mis manos y la moleskine. Me sonríe. Le regreso el gesto.
Cambio la mirada de dirección y veo aquel librero de pequeños huecos romboidales guardando un puñado de libros por descubrir, y miro más allá, por la ventana, la ciudad, el ocaso, y entonces entiendo que tengo el mundo para mi, que aunque hoy esté desecha, mañana todo estará bien. 


Salgo de la cafetería, me subo al auto y comienzo a manejar sin rumbo, con la ilusión de irme lejos, muy lejos de todo, tan lejos de él.

martes, 26 de abril de 2016

No era una calienta huevos.

Ya se habían ido todos mis amigos, pero yo seguía allí, esperando a  que llegara, sin saber que llegaría, pero esperando, seguro por una pinche corazonada, de esas que no te explicas pero están allí. Yo no sé porque  se había ido mí mejor amigo, pero seguro si la hubiera visto se quedaba como yo, viéndola con esa prenda interior usándola como blusa, así como no queriendo coquetear pero con las tetas por fuera con su lencería color negro, y mi mejor amigo ya sabe como me pone ver una mamacita con encaje, y luego, si la hubiera visto con sus labios bien pintados, así como un rojo bien profundo, de esos que te dicen “bésame, muérdeme”.

Ni para que se las hago larga, pero es que si hubieran estado esa noche conmigo, seguro se la hubieran comido igual. 
Pues total, que yo estaba en la barra, con mi trago a medio acabar, con las pinches ganas de ya irme y dejar de escuchar a ese Dj chafa, por el que me cobraron 50 pesos al entrar, maldito bar de mala muerte con tachas en los baños, hasta creen que yo les iba a comprar esas mierdas de drogas que han de estar más ordeñadas que una vaca.


Allí estaba, ya por irme, ya cansado y harto de esperar sin saber qué es lo que esperaba, y que la veo subir, con su pantaloncito negro bien ajustado a las nalgas, unos tacones y sus tetas bien saliditas del escote de su ropa interior que usaba de blusa. La vi pasar frente a mí, y ella ni me vio, dije “pues, ya qué”, pero sabe porque maldita razón decidí quedarme, yo creo que por masoquistas.

“Pues si me va a rechazar que por lo menos me vea”, me dije, y  me quedé bien puesto en la barra. En eso que volteo un poco como a mis 9 y que la veo a ella,  también en la barra, con dos pinches vatos, bien vestiditos, más fresitas que mi mejor amigo y yo,  y con otra mujer, guapa también, pero muy delgada para mis gustos, ya saben, a mí me gustan así, piernuditas, que tengan de dónde agarrar, con sus cintura marcadita pero con carnita.

La vi parada frente a uno de sus amigos, bien puesta en la barra con un caballito de no sé qué cosa, tequila seguramente, porque traían limones para chuparlos después del trago. Ni les cuento cuando chupó el limón, juro que sentí como me cosquilleaba aquello, una punzadita y dije “la tengo que conocer”.

Le di un traguito a mi vaso casi vacío y me entraron unas ganas de voltear a verla, y pues ya saben cómo es uno de pendejo que no quita la mirada de unos labios bien rojitos. Entonces  le clavé la mirada, y que bajo y le veo las tetas, así bien paraditas enmarcadas por un encaje muy finito, y que me quedo allí viendo, y sabe porque razón subí  la mirada, algo me estaba diciendo que ya le quitara los ojos de encima, y pues total, que la subo y allí estaba elle viéndome y riendo de mi pendejada de verle las chichis, pero viéndome, y la verdad es que me puse feliz,  porque  eso quería, que me viera por lo menos, aunque me rechazara.

Total, que la veo directito a sus ojotes y que me sonríe la muy cabrona, pero de esas sonrisas coquetas que te dicen “ven, quiero cogerte”. Y saben, uno pues ya borracho es un pendejo, y que le hago así con la mano de ven, y que se vuelve a reír, pero luego luego me dice con su boquita y sus ojitos que yo vaya  a donde ella. Pues sí quería, la neta de eso pedía mi limosna, ya la había sabroseado desde que llegó, pero que me da sabe qué porque estaba con esos dos amigos suyos, riendo y bebiendo como si ni siquiera me estuviera coqueteando.

Me vuelve a  sonreír, y  le vuelvo a decir que venga, y que me hace la misma, me insiste que vaya.  Entonces, ya entonado, me empiné el trago, y que volteo y que ya no me está viendo, esta risa y risa con esos vatos. Y ni sé de donde, verdad, el alcohol seguramente, pero que saco valor y que voy, me pongo bien plantado frente a ella, y me mira como diciendo “ahora que vas a hacer, no que muy machito” y que sus amigos voltean y pues que me entra la de “mejor que digan aquí corrió que aquí quedó”.

Ya me sentía fracasado, y que abro la boca, ni idea de donde salió esa voz, pero que digo, “¿disculpen, viene con alguno de ustedes?”, el más educado, ahora resulta que me dio por ser un refinado caballero, puro miedo pues qué. Y pues nada, que uno de ellos me ve con cara de “pinche estúpido, tú qué, mejor vete” y me dice bien clarito, “sí”, y  todos se le quedan viendo, y el otro, más alivianado, la toma del brazo y me la avienta, juro por esta, así como regalándomela, en bandeja de plata, y me dice “no”, y que la agarro de la cintura y la alejo de eso pinche circo.

Me le quedo viendo sus labios rojitos, así carnocitos, que estaban esbozando una sonrisa y pues así nomas que le digo “quiero besarte”, y pensé que ya la había regado, que era un bruto directo, que por lo menos le hubiera dicho mi nombre o qué se yo, y pues nada, ya me sentía derrotado, pero en eso la bonita me dice “yo también”, y  me saqué de onda, la verdad, no me la esperaba. En eso sentí su mano en mí nunca y que me planta un besotes de esos, con lengua de uff, neta de esas morras debería haber más, que muevan la lengua;  y pues ya entrados que la aviento a la pared en el lado oscuro del antro ese, la arrincono y me la beso más cachondo.

Allí estábamos, bien entrados, bien  pinches calientes, me mentía la lengua tan sabroso, que les  daría envidia,  y en eso que me muerde el labio, la muy cabrona me sacó de pedo,  “que chingados”, y que me separo, pero la veo con sus ojitos de niña juguetona, y dije “de aquí soy”, y que la aviento más a la pared, me dije “te gusta rudo, pues toma culera”, y pues que la muerdo también, así, fuertecito para dejarle un cardenal.

 Ya sabrán, con todo esa escena, sentía crecer aquello. Me la quería llevar ya para otro lado, ya la tenía bien caliente también, porque le agarre así como que no queriendo la cosa una teta,  y pues no reclamó ni nada. Y ya estaba por decirle, y que se separa, frena en seco, de la nada, y que se da la vuelta y se va para donde sus amigos. “Que chingados, ni madres”  me dije, y que la tomo de la mano, la volteo, la beso, me besa, pero se separa. A chinga, me sonríe bien coqueta pero dice adiós con esa boca ya casi sin labial. Y pues ni modo que la forzara, pues claro que la dejé ir.

No tienen ni idea de que tan pinche caliente me dejo, ya la tenía casi parada, ya sabrán,  y pues mejor me fui por un trago,  todo derrotado, pinche vieja calienta huevos, me iba diciendo, ¿Por qué me deja agarrarle la teta?, que chingue su madre. Pero llegué a la barra y seguía prendado de sus besos, es que no se pueden imaginar la forma en que me besó, eran señores besos, no cualquier simpleza  de niña modosita. Pero pues ya que, ya me había calentado todo y me había dejado así.

Me bebí el trago ya para irme a la casa, todo resignado. Ya estaba por las escaleras, y sabe porqué, pero un impulso me hizo regresar, y es que la calienta huevos neta estaba así como me encantan, y pues allí estaba frente a su grupo de amigos nuevamente, y por pura estupidez le dije “ya me voy”, claro que se quedó  viendo con cara de “pinche pendejo, eso qué”, y pues la neta yo también hubiera pensado lo mismo, pero te digo que me traía bien volado y caliente, y que me dice “Adiós”, pues qué más sino.  

Vuelvo a tomar el pinche valor cavernícola y que la arrincono nuevamente, me la beso una vez más, y le digo al oído “¿me pasas tu número?”, porque pues después de todo eso, pensaba que ya la tenía bien trabajada, y ya casi sacando mi celular para que lo apuntara que me dice “No”, así nomas, bien pinche seca la muy hija de la chingada, y que me saca de pedo, que se separa de mí y me aleja con las manos, me dice “ya te ibas”. Ya me conocen, y por más que me tuviera bien caliente y que me fascinara la mujer, pues ni madres que le iba a rogar. Nomas nos reímos, me dio la espalda y allí se quedó, con el culo bien marcado en  su pantalón.  

Y pues ya qué, me tuve que regresar, con las ganas quemando mí cuerpo, bien pinche caliente. ¡Ay!, es que si les hubiera tocado a ustedes, si le decían algo por calienta huevos, pero la neta es que estaba tan bonita, tan sabe cómo, que la entiendo.

Ahora que lo pienso, no era una calienta huevos, yo fui un estúpido, por emocionarme, al final nunca me prometió nada, ni sexo casual ni nada, solamente nos dijimos “te quiero besar” y eso, hermanos, de ley, que lo hicimos, y lo hicimos muy bien.


jueves, 31 de marzo de 2016

Manifiesto para primavera.

Lo intenté, fui de carne y hueso, demostré más amor y a cambio recibí más dolor.

Entonces, pedí que me despertaran en verano, ya que esté cicatrizado todo recuerdo, toda desdicha; pero mientras eso pasa, mientras aguardo en esta estación, seré lujuria, seré diversión, seré pecado, y entonces sólo así seré de piedra.

Voy a ser la "perra" que nadie va a querer soltar, pero que volará con el aire, tan etérea que se alejará de todo sentimiento, de todos. 

No seré de cristal, no estaré para vos... ni para nadie más. 



viernes, 29 de enero de 2016

Adiós.

Son estas malditas ganas de llorar las que ahora me arrojan a tus brazos, mi fiel compañera, escritura. Esta estúpida necedad mía de sentir que mis sentimientos no se ahogan en mi pecho. 

Intento no llorar porque adoro el maquillaje que elaboré en cuestión de minutos, hacer un smokey eye color rojo en el párpado inferior no es tarea sencilla, me sentiría peor si arruinara el color por tu culpa, no, mejor dicho, por mi imbécil ingenuidad. 

De pequeña me enseñaron a ser fuerte e independiente, sin saberlo, mi madre no educó una princesa más, aunque hoy lo lamenta, en parte, porque nadie le dijo que sería difícil tener en casa a una mujer que no cree en los cuentos de hadas ni en finales felices, que sabe que el príncipe azul no es más que su propia cuenta en el banco para poder lograr sus sueños, su independencia, su libertad. 

Crecí entendiendo que la vida son dos días, y que por ende, hay que hacer lo que uno quiere, ame, lo que más desee, porque no tenemos garantizado el día de mañana, así que más vale salir a volar que quedarse sentado esperando al amor, el hombre ideal. 

No culpo a nadie, sólo a mi, porque violé mis propias reglas del juego, porque quité esa armadura y quedé desnuda, expuesta, vulnerable. Soy yo la que tiene toda responsabilidad de este llanto ahogado que hoy acongoja mi alma. Soy yo la que hoy dice adiós.

No diré que no quise algo lindo con vos, en verdad lo intenté, y quién  más me conoce sabrá que no miento, que lo intenté más que nunca, más que con ningún otro hombre. A mi pregunta ¿por qué me gustas tú?, no lo sé, simplemente llegaste y te instalaste, y antes de darme cuenta me miraste a los ojos y me dijiste lo que tal vez nunca debiste haberme dicho, lo que probablemente no estabas seguro de ofrecer, y entonces te creí. 

No sé si me mentiste o simplemente fue el momento, la velada, los besos, pero allí estaba, y no te culpo, porque yo debí pronosticar la tormenta, porque nunca debí bajar la guardia. La única tonta y culpable de todo soy yo, ya que no en vano tenía definida mi propia estrategia de juego, de ese nada complicado "Hola y adiós" que tantos años me había sido fiel. 

En fin, alguien sabio me dijo una noche: "Tú sabrás cuando es momento de dejarlo ir, de no seguir intentando llegar a su corazón, no hay tiempo definido para eso, simplemente un día lo sabrás."
Hoy lo supe. 

Así que desde aquí te digo adiós, porque no tengo el valor de hacerlo de otra forma, esta es la manera en la que me he enseñado a afrontar mis temores, como el de hoy, el del saber que hoy me rindo, hoy te dejo y hoy me pierdes, sí, así, tú me pierdes,  porque yo no podría perderte, y es que nunca te tuve, no cómo tú me tuviste a mi. 

Te digo adiós y gracias, porque fue divertido, porque me recordaste el motivo y la importancia de mis propias reglas. 

Volaré hacia otro rumbo, y no es porque no me importes, porque ya me importas, y no es porque no me gustes, porque me encantas, pero te digo adiós porque me amo y es momento de rescatar mi dignidad. 

miércoles, 23 de diciembre de 2015

El apetito tétrico de la mujer perfecta.

Él le decía al oído que la deseaba, pero por dentro, sólo quería ser como aquel emblemático personaje de "El perfume." 

Se conocieron en la playa, cuando los rayos del sol queman tan finamente para después morir en el ocaso, atrás del agua, como la muerte que tanto dudo Colón, allá, mar adentro. 

Ella tenía un vestido volátil color salmón, tan etéreo que la tela baila al viento como tiras en ventilador en venta un verano de 1960. Sus gafas de sol le tapaban cerca de la mitad del rostro, era tan misteriosa como la misma medusa sin ganas de convertir en piedra su propia alma. Él la vio desde el malecón y no pudo desprenderse de ella. 

Él, un hombre caucásico de 26 años, ojos color café y cabello caoba rojizo, un ente raro para aquel mundo lleno de simplicidad. Llevaba en su mano izquierda un Manuel Puig. 
Quedó tan prendado de ella que sin pena alguna decidió pararse justo de su lado derecho, como quien admira la muerte del sol, como quien no se da cuenta de que la mujer de su vida estaba justo a un lado de él. 

Tras la puesta del sol, ella retiró sus gafas y dejó al descubierto un par de ojos almendrados, de un café intenso que pareciera un negro bujía. Él sostuvo la respiración cuando ella giró y quedó pasmada ante "Sangre de amor correspondido." Buscó la mirada de él y cuando por fin se cruzaron las formas distintas de ver su mundo, ella le emitió una sonrisa siniestra, de esas que sólo las mujeres libres pueden emitir, de esas sonrisas de las que no puedes escapar. Él tuvo una punzadita en la parte baja del estómago y le regresó la sonrisa. 

Comenzaron a hablar acerca del libro, del autor, de la controversia de sus novelas, del exilio, para terminar en una habitación de hotel con vistas al mar, con el vestido etéreo bailando en el barandal del balcón. Allí, donde el terror vivirá por siempre. 

Las 2 antes meridiano. 

Las olas del mar reventaban con tal intensidad que era lo único que se podía escuchar en aquella madrugada  color bermellón de otoño. No había ruido que pudiera delatar el terror que se vivía en la habitación #22.
Si acaso usted hubiese pasado caminado un poco drogado por la playa, y si hubiera dirigido la vista hacia aquel balcón, entonces, hubiera notado que el vestido salmón ya no era salmón, era algo así como el tono Mary Janes del butter lipstick de NYX,  rojo intenso.

Lo que pasó en la habitación alquilada por ella pudiera ser un misterio, pero lo cierto es que los sucesos fueron así:

Cuando él le extendió "Sangre de amor correspondido" en la playa, ella lo invitó a tener una noche cualquiera, con una mujer cualquiera, en una playa cualquiera de un México caótico. 
Él la había idealizado, le había otorgado el título de mujer perfecta desde que la vio cuando estaba en el malecón. Aquellas palabras le causaron estupefacción, la mujer perfecta para él jamás le invitaría a pasar una noche fugaz, una noche simple y aburrida, entonces la odio. 

Sin embargo, él accedió y juntos fueron hasta aquel hotel. Pidieron servicio al cuarto. Una botella de Tequila, querían naufragar, o eso pretendió él. 

Cuando la charla ya no tuvo cabida, ella se acerco, lo tomó por la nuca y le dio un beso intenso, metió juguetonamente la lengua para después morder un poco los labios de él. 
Él le susurro "te deseo", mientras ocultaba el asco que aquellos hechos le producían. Se volvieron a besar, se acariciaron. 

Ella dejó que él tomara el mando, sumisa. Para ese momento él lo único que quería era erradicar del planeta a otra mujer simple, vana, que más daba, en su lista ya había aniquilado a 8 mujeres, una más sería mejor, porque sin 9 mujeres estorbando pronto llegaría a su meta, a su más grande deseo, encontrar a la mujer perfecta, el amor de su vida. 

La cogió de la cintura y la giró, la puso de espalda, con los senos operados contra la pared, mientras acariciaba sus muslos a través del vestido etéreo,  alcanzó con su mano derecha la botella de Tequila, y sin dudar un segundo le golpeo la cabeza. 
Los pedazos de vidrio se incrustaron por todo su cuero cabelludo, fue tan brutal aquel golpe que ella cayó desmayada ante los pies de él. 

La cargo y la puso sobre la cama, le escupió, le injurió. La odia por ser hermosa, libre y honesta, y por no ser la mujer de su vida, la mujer que él esperaba. Entonces, con la boquilla rota de la botella, comenzó a perforar todo su abdomen, hasta que el vestido le estorbo. La desnudo, y sólo él sabrá por qué, pero extendió en el barandal del balcón aquel apagado vestido color salmón.

Regresó donde ella, y siguió matándola de a poco, hasta que la cama quedó húmeda por la sangre que emanaba el cuerpo inerte de ella.
Cuando cayó en cuanta de lo que había hecho, no pudo más que llorar, lamantarse de verse inmiscuido una vez más en un acto lúgubre. Se aborrecía por verse lleno de sangre, pero sobre todo de verse solo un martes a las 2 a.m. en una playa hermosa.

La besó, la dejó sola, salió de la habitación con rumbo a su nuevo destino, un pueblo mágico, no sin antes dejar en el tocador de la habitación la causa por la que ella había perdido la vida,  aquella edición vieja de "Sangre de amor correspondido" de Manuel Puig. 

jueves, 27 de agosto de 2015

Gracias por no amarme. De corazón, gracias.

Hoy vi el amanecer desde mi ventana y no estabas a mi lado. Me di la vuelta y detrás mío tampoco estabas, es una fortuna que así sea. 

¡Gracias por no estar allí! Que bendición saber que no te tengo, que no te he tenido y saber que ya no quiero tenerte, en el aspecto de ese que te cuentan del amor. 

Un amigo muy cercano me dijo un día de lluvia y sin luz en el trabajo, "hey, güey, te tengo que presentar a una mujer que te atrapará", recuerdo que mi primera reacción fue un risa ahogada, me preguntaba porqué razón la gente siempre que te ve soltero te quiero presentar a alguien, siempre están allí, a la expectativa de que tu vida en pareja florezca y sentirse los cupidos del siglo XXI. 
Así que de ante mano le agradecí por aquel gesto, pero le dijo que no hacía  falta, que no estaba buscando a nadie en ese entonces. Antes de que me pudiera reprochar mi negativa, la luz llegó y con ello mi partida a mi cubículo lleno de papeleo por terminar. 

En el mundo del Godínez, siempre hay un día de "juntas de oficina" que se celebran en algún bar con cerveza nacional, siempre. Así que en aquel día de "junta" fuimos a un bar que estaba un par de cuadras de la oficina, pedí una pinta de mi cerveza favorita y esperé  que aquello terminara. 
Antes de pedir la cuenta, mi amigo me pidió quedarnos un poco más, echar una cheve más, un snack y  ver que decía la noche. No quería llegar a casa, últimamente aquel espacio me parecía vació y sólo, entonces accedí a quedarme. 

Las 7:45 post merídiem, llevaba a mi boca un tarro de oscura y entonces apareció ella. Antes de poder darle un sorbo a mi cerveza, ella tomó el hombro de mi amigo y saludó con un gesto en los labios, una sonrisa discreta, de quién no te conoce pero de haberlo hecho te habría abrazado, de esas que fingen timidez, pero encierran calor. Mi amigo pronto se paró y la cogió tan fuerte, que parecía que en aquel abrazo se fundirían sus cuerpos; lo tenía claro, tenían mucho de conocerse pero frecuentaban poco, tal vez horarios laborales dispares. 

Ella se sentó a la mesa con nosotros y pidió una pinta de mi cerveza favorita, que ridículo, pero debo aceptar que desde allí ella empezó a captar mi atención.  Descifré  que ella era una mujer de esas que no te encuentras por allí tan fácilmente, no de las "cabronas que todo lo pueden", no; ella es de esas independientes que se saben cuidar, que luchan por lo quieren y que saben que aspirar a grandes cosas no es una utopía, sino una realidad con obstáculos, pero al fin y al cabo, una realidad alcanzable. Que no saben estar quietas, que le encuentran el lado bueno a las cosas, pero que también aceptan que existe el lado malo. De esas que si dejas entrar en tu vida, no son fáciles de sacar; de esas mujeres que no dejan entrar a alguien fácilmente, pero que cuando lo dejan entrar, no lo extirpan de si. 

La velada en aquel bar de música independiente fue un remanso de paz en un mundo lleno de caos, pero la noche tenía que terminar.  Antes de partir a mi casa recuerdo que mi amigo me dijo "te dije que te iba a atrapar". 
Tomé un taxi, y me fui, me fui pensando en ella, en que habíamos quedado de ir la próxima semana a la muestra del tour de cine francés. Rumbo a mi casa, lo único que pensaba era en el deseo que sentía por volver a verla. 

La semana transcurrió entre whatsapp's entre ella y yo, hasta que llegó el día de la muestra de cine francés. La vi en un bar, era una precopa, una cerveza y pegaríamos fuga al recinto. El saludo fue eufórico, como cuando mueres por ver a alguien que ha partido a Londres desde hacía ya varias semanas. Nos abrazamos. Y desde aquel abrazo ya no pude sacarla de mi. 

Las semanas transcurrieron, los meses, y yo seguía encantado con ella, con nuestra salidas y pláticas, con todo eso que hacíamos juntos. Hasta que una tarde me di cuenta que no la quería lejos de mi, que su compañía me era sustancial y que mis labios pedían a gritos los suyos, que precisaba de ellos, de su cuerpo, que la quería de una forma diferente a la que se quiere a una amiga. Caí en la cuenta de que me había enamorado. 

Comencé a mandarle señales de aquello que sentía, estaba tanteando el terreno porque no quería ser brusco y decirle así, como va, porque no quería perder a esa mujer genial, y sobre todo porque no quería que rompieran mi corazón nuevamente, que patético. 
Pero mi cautela me salvo la vida, porque me percaté de que ella no me quería igual, que yo siempre sería su amigo, y que entonces no valdría la pena confesar mi sentir por ella, porque de hacerlo la perdería. 


Lo he dicho ya: sacar de tu vida a una mujer así no es tarea fácil. De una mujer de esas nunca te liberas. 
Es mejor dejarla así, con sus amores por la vida, por la libertad y la expresión, dejarla dentro donde siembre cosas buenas, es mejor todo eso que intentar extraerla y odiarla en el intento. 


Porque me gusta tanto que prefiero quererla que odiarla, porque cuando se odia a alguien, olvidar es aún más difícil. Porque ella no merece ser odiaba por algo que sólo es culpa mía, porque yo fui el tonto suicida, que aún sabiendo que las mujeres como ella no se enamoran fácilmente, quise amarla. 

Gracias por no ver el amanecer conmigo, porque eso significa que nunca te voy a perder. 

miércoles, 10 de junio de 2015

A las mujeres también las mandan a la friendzone

Llegó mi mejor amigo hasta la puerta de mi casa con los ojos vidriosos, lágrimas pérfidas y ahogadas intentaban salir y traicionar la postura erguida de quién simula no le pasa nada,  nada lo acongoja, nadie lo ha herido. Con la confianza de quién ha pasado muchos años en esa casa, irrumpió en la sala sin necesidad de un "adelante", me preguntó "¿estás sola?" y con un movimiento de cabeza asentí a aquella cuestión y sin más comenzó a sollozar cual bebé que ha sido arrebatado  de los brazos de su madre.  

Apenas comenzó a llorar y no pude más que abrazar a mi amigo, intentar calmar aquel amontonamiento de sentimientos que él estaba demostrando sin ningún tipo de embarazo, calmarlo para apaciguar aquella situación.  Quedamos prendidos el uno en el otro cerca de 10 minutos sin decir nada,  sólo  allí, nuestros cuerpos entrelazados,  su llanto mojando mi hombro,  ahogando mi alma, porque no podía soportar verlo así,  tan vulnerable,  tan infeliz. Una vez calmado, se alejó de mi cuerpo, se paró y fue a beber agua, lo seguí hasta la cocina y entonces supe que era el momento de preguntarle "¿qué sucede?", él dijo "le he preguntado si alguna vez tendrá el valor de demostrarle al mundo lo que sucede entre nosotros en la intimidad,  si es posible que acepte que lo nuestro es más que amistad,  que todos estos años han sido maravillosos y que lo que somos es más que amigos." 

Quedé anonadada, sabía perfecto de quién me hablaba, me sabía de memoria aquella situación, aquel sentimiento que él sentía por ella, y entendía que ella jamás tendría el valor de demostrarlo, porque la conocía bien, sabía que esa  mujer sólo jugaba con mi mejor amigo, y todos estos años me había temido tener que vivir aquella escena que se estaba suscitando en la comodidad de mi hogar, el hogar de mi mejor amigo. Bebió el agua potable y me dijo, "tenías razón, ella jamás me amó, ella jamás lo hará y nunca se va desprender de la superficialidad que la caracteriza." Lo abracé nuevamente, y no sé porqué, pero le pedí disculpas, en nombre de la humanidad, en nombre de todas las mujeres, le dije "lo siento", porque era horrible haber tenido la razón, hubiera preferido estar en un error. 


La tarde avanzó y con los ruidos de las chicharras la noche anunció su llegada, le dije "quédate esta noche" y él accedió. Los humores se calmaron y una vez sereno comenzó aquel discurso que jamás olvidaré, porque es un discurso gastado, porque es un discurso que todo hombre alega en pláticas de bares, de redes sociales en línea, porque siempre creerán que los hombres son los mártires y las mujeres son las malas, las brujas de los cuentos de hadas, las perras que envían a los hombres a la friendzone, y comenzó:


"Las mujeres van por la vida alegando que nosotros somos los que siempre tenemos la última palabra, las que alegan que siempre hay que ser uno el que se acerque a saludarla, a conquistarla, a dar el primer paso. Van por la vida con aires de belleza y grandeza,  con la intención de verse conquistadas y así cazar a su príncipe azul cuál temporada de patos, pero la verdad es que son ellas las que van por la vida cautivando, intentando atraerte para que te pares y seas tú quién pase la vergüenza del rechazo, y si acaso les inspiras algo, te atrapan como si fueran arañas, tejen una red suave y fina, y sin darte cuenta te tienen en su lista de amiguitos. Intentas conquistar, te desvives, les das amor, regalos, eres eso que siempre dicen querer, el hombre tierno, el hombre que les presta atención, el hombre sensible, y entonces nada, un día te levantas y te das cuenta de que algo esta fallando en esa relación, y es que no existe relación, que no es lo mismo, y por fin tomas el valor y le confiesas tu amor y simplemente te dicen "yo también te quiero, pero sólo como amigos" o peor aún, "te quiero tanto, como a un hermano".Y entonces reaccionas, ¡a la mierda con eso!, ¿hermanos? Yo ya tengo, ¿amigos? los necesarios ya los tengo, ¿qué acaso no era mejor pasar por la vergüenza del rechazo?  Son malas, embusteras, si la vida fuera un  cuento, sin duda ellas serían las brujas."

¿Por qué los hombres se aferran a sentirse las víctimas de las relaciones sociales?, ¿por qué ellos siempre son los afectados en el rechazo?, ¿por qué siempre viven diciendo que son unos machos sin sentimientos y a la primera de cuentas son los primeros en salir a llorar, a hablar mal de quién simplemente los rechazó? 

Nunca me había enojado tanto con mi mejor amigo, no cómo esa noche, porque podía entender que estaba aún cegado por el dolor, que por lo mismo olvidaba que yo era mujer, que tenía vagina en lugar de pene, pero no podía arremeter contra las mujeres de aquella forma por el simple hecho de que una, solamente una de ellas lo había lastimado. Entonces le dije: 


"No te creas la víctima aquí, porque si de la friendzone hablamos, todos somos culpables de ella, porque el juego siempre es de dos, porque uno la crea y el otro la acepta. Y no creas que ustedes siempre serán los frienzonados, porque a nosotras también nos envían allí. 
La zona de la amistad siempre será para todos, hombres y mujeres, pero la pequeña diferencia es que la mayoría de nosotras no andamos por el mundo, por facebook y twitter hablando de que nos mandaron allí, porque muchas de nosotras aceptamos que fue nuestro error, porque aceptamos esos términos, porque no hablamos con la verdad de ante mano. Si te gusta alguien, se lo dices, no estableces una amistad con pretensiones de algo más, las cosas claras, sin mal entendidos, porque entonces serás parte de la friendzone.

No somos las brujas, ustedes no son los villanos, la vida es simple, la vida es hermosa y no vale complicarla con estupideces de "seamos amigos y a ver que dice el tiempo", al toro por los cuernos. ¿Y sabes por qué te digo todo esto con seguridad? Porque yo también he estado allí, porque yo también quise alguna vez a alguien y por temor no se lo dije y entonces la amistad nos atrapó, y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde para decirle que lo que quería era un noviazgo y no una amistad como pocas.
Y si ya estás allí, si crees que no funcionará, entonces haz funcionar la amistad, pero aún  así díganse que serán amigos, porque no hay mejor cosa como hablar con la verdad."


Ambos nos quedamos en silencio, esperando que alguno rompiera con aquella atmósfera creada por aquel pequeño debate. La verdad siempre cala, la verdad puede ser un puñal con dirección a la opinión. Entonces lloré, porque era eso o estar callada y sentir que traicioné a mi amigo hablándole del amor y la amistad. 
Él me abrazó, porque se dio cuenta de que en aquella habitación no había un corazón roto, sino dos, que en aquella cama no había dos friendzoneados, sino dos. 
Me abrazó tan  fuerte, porque se dio cuenta de que a las mujeres también las mandan a la friendzone.
Lo abracé tan fuerte, porque entendió que eramos dos almas desquebrajadas. 




"Dedicado a ellos, los que están en la friendzone y culpan a las mujeres.
Dedicado a ellas, las que no saben hablar con la verdad.
Dedicado a mi amiga, porque esta en la friendzone sin miras de salir de ella."

martes, 12 de mayo de 2015

Carta a ella, a la que él ama.

Mujer.

Hoy te escribo porque me es sustancial que sepas un par de cosas que requieres para entender acerca de él y el porqué te ama así. Es primordial que lo sepas para no romperle el corazón.

Si él ha decidido abrazarte y besarte frente a todo mundo, es porque en verdad te ama. No pieneses que es por quiere que el mundo lo vea, no es el plan de él, simplemente es así,  él  no puede evitar ser el centro de atención,  porque sin quererlo siempre irradia una energía que hace que todos volteen a verlo.  Si estás con él y alguien más habla acerca de él,  guarda silencio un rato, mira su rostro y comprenderás que en verdad le apena que hablan mucho de él.  Pero no esta en sus manos. Ambas sabemos que un ser como él nunca pasa desapercibido.  Jamás lo hará.

Llévale un libro, no importa el autor, ni editorial,  ni temática, él recibirá con mucho anhelo aquel obsequio, porque entonces sabrá que pensaste en él y que sabes que la apasionan los libros, y sobre todo sabrá que comprendes que le disfuta de  leer sin haber terminado los otros que tenía en curso. Y no es que sea un hombre desorganizado, no,  es más bien el tipo de hombre que sabe organizar sus ideas y que no le gusta desperdiciar la vida, que necesita tener más  de un libro para sentirse libre.

No te desesperes si él no toma en vasos, es su forma de ser, le gusta sentirse como cuando era aún más joven y pasar el pomo de boca en boca, como si nada importara, cómo cuando era un "niño coas" y la vida era eso que pasaba mientras creía en la resistencia.

Dile que es lindo y que tiene unos ojos cafés perfectos,  porque aunque el mundo crea que él lo sabe, que lo presume en  cada selfie, no es verdad. Él es inseguro y por eso necesita saberlo, más que nada, necesita saberlo de ti, de la mujer que él ama.

Nunca lo abandones cuando te hable de amor, porque es cuando más te necesita. No le aconsejes, es obstinado y al final siempre hará lo que el considere pertinente,  así que no te enojes si decide hacer caso omiso  a tu consejo, sólo apoyalo. Él te lo agradecerá aún más que haberle dado el consejo.

Aunque parezca serio, le gusta bailar, llévalo a bailar, bailen cumbias, salsas, una bachata pegadita, y déjate llevar, deja que él sea el que te pare de la silla y te lleve a la pista, le fascina ese papel de conquistador.

Te reglará flores aunque  a ti casi no te gusten,  porque es un caballero y así lo educaron,  así  que recibelas sin poner objeción,  dale un beso y un gracias sonrojado. Le encanta eso.

Y por último, y lo más importante,  si tú no lo vas a amar, si no vas a compartir tu mundo cómo él lo hará contigo,  entonces vete y no le mientas más.  Aléjate y dile la verdad, porque a pesar de verse tan valiente, tan fuerte, él tiene un gran corazón,  es un corazón muy frágil. Llegar a él es muy difícil y si tú ya lo hiciste,  no lo dañes, porque no se lo merece.
Si él te ama y tú no a él,  no jugues por favor,  porque no soporto ver a mi amigo devastado, con el corazón hecho añicos, porque me duele verlo beber una cerveza con la mirada perdida, porque lo amo tanto que me rompería el corazón verlo triste.


Con la mayor sinceridad,  la amiga que él no ama.

P.D.
Y si lo amas, no lo dejes ir, no tengas miedo, porque él ya te ama, porque merece ser feliz.

lunes, 23 de marzo de 2015

De la mujer que él amaba.

Salí de mi casa con la intención de embriagarme, sentir como el alcohol naufragaba mi razón y entonces poder hablar en alguna cantina a algún pobre diablo acerca de aquello que estaba quemando mi interior.

Tomé un taxi con dirección a los bares del centro, aquellos que por vox populi eran considerados "de mala muerte", pero donde se sabe puedes conocer a cualquier desgraciado como yo.
Recuerdo nuestra primera cita.

Le pagué a aquel sujeto que poco charlo conmigo, no era el clásico taxista-psicólogo del que te cuentan en las calles, de esos que sin más irrumpen en tu vida con su sabiduría de ruletero.
Me despedí de él no sin antes pedirle su número por si acaso necesita regresar a casa, él, con una sonrisa simpática y maliciosa me lo ofreció sin chistar un segundo. Bajé del sedan de 4 puertas y entré a aquel lugar que llevaba por nombre algo así referente a hierba.

El lugar era acogedor, pequeño e íntimo, con gente que a simple vista resulta ser agradable. Una pequeña barra y un par de bancos altos, no dudé y me senté en uno.
Pedí una cerveza, cualquiera bastaba para mi fin.
Bebí un par de ellas hasta que aquel sujeto de piel morena y mirada profunda se sentó a un costado de mi. Pidió una "corona", el destello de impotencia emergía desde lo más adentro de sus entrañas saliendo sin dudar por cada uno de sus poros.
Supe de inmediato que aquel era el pobre diablo que pretendía encontrar desde que tomé el taxi. Dije sin dudar "Salud, por las bellas damas que jamás serán nuestras." Él alzó la cerveza y dijo "salud", volteó su cuerpo y sus ojos se clavaron en los míos, fue una confesión, aquel hombre sufría igual que yo, amaba y no la tenía, no era para él, estaba lejos de sus brazos, no podía besarla.

Le tendí la mano, por educación, vaya usted a saberlo porque hice aquel gesto en aquel bar de rock. Esperaba un apretón de manos y lo que obtuve fue una palmada, eso que llama "chocarla", me dijo su nombre y yo respondí con el mío.

Para la media noche eramos dos pobres diablos hablando de infortunios, de malas rachas, pero entonces llegamos al punto crucial de la noche, eramos dos almas rotas por el amor, la desesperanza, la desconfianza,

Mi confidente me cuestionó acerca de aquella bella dama del brindis, la cuál no podía tener, entusiasta por conseguir el cometido de la noche comencé:

"Es una bella mujer de ojos color café, cabello suave que vuela con la primavera y se adhiere con el invierno. Nunca supo como llegué a amarla, tal vez ni yo mismo lo sé, pero seguro es que en mi nace y muere el más puro y sincero sentimiento por ella.
Lo que ella no entiende es que es hermosa, y tal vez es lo que más me guste, que a pesar de ser linda como el sol al amanecer, ella no peca de arrogancia, de vanidad. Es dulce y fuerte, y de tanto en tanto, como bella maldición, es obstinada, terca, y a veces no sabe cuando parar.
Podría hablarte maravillas de ella, pero por miedo a que te enamores de ella dejaré a tu imaginación el resto de aquel ser que vive y sin querer ha roto mi corazón.

¿Por qué lo rompió? Verás, no hace mucho ella tenía una coraza en su corazón, una armadura que era impenetrable, o eso creía ella. Moría del miedo por verse involucrada en el amor, y evitaba a toda costa cualquier tipo de relación que la hiciera perder la razón. Cuando la conocí ya tenía esta coraza, así que no tuve mucha oportunidad, pero a cambio, la tuve como amiga, y amigo, sólo Dios sabe cuan agradecido estoy de por lo menos tenerla como amiga.

Yo era feliz así, porque por lo menos sabia que me quería a su manera, como a muy pocos. Hasta que llegó él, y aún no me explico como pasó, qué fue lo que tiene ese hombre que nadie más tiene que logró atravesar sin más aquella armadura, aquel corazón duro y temeroso. 
Ella se enamoró de alguien, de alguien que no era yo.


No es que la creyera mía, pero me duele verla sufrir, porque si por lo menos ella fuera feliz con él, entonces valdría cada suplicio que vivo al escucharla hablar de él. Pero no es feliz, ella  entregó lo que pocas veces en la vida se ve, entregó su esencia, se entregó, entregó alma y corazón y no supieron que hacer con tanto, con aquello que ella guardaba celosamente. La hirieron.

Hoy brindo por ella, por el amor que le tengo, porque nunca será mía, porque me duele verla llorar por un hombre que no sabe valorar."

Terminé mi discurso y mi nuevo compañero de penas, sin quererlo, soltó una lágrima pérfida, la secó y dijo:

"Compañero, ¿cómo puedes vivir así? ¿cómo puedes amar a alguien que sabe nunca será tuya?

Yo, yo soy un pobre diablo que a diferencia de ti, no esta seguro de lo que quiere, pero sabe de la belleza de la mujer que lleva en el pecho, clavada como una estaca, porque tal vez este seguro de que hay pocas mujeres como ella, pero hay muchos hombres como yo, que tal vez ella algún día se cansará de este pobre diablo y entonces buscará a alguien que viva como ella, y entonces no quiero ser como su dama, no quiero que a mi me lastimen, y entonces fui yo quién salió corriendo, para evitar el dolor que ahora vive la mujer por la que tú sufres."

Guardó silencio y bebió hasta el fondo de su cerveza, no dejó una sola gota, y en mi, para ese entonces, sólo me surgía un viejo dicho: "El mundo es muy chiquito" ¿Será posible? ¿será un juego? Tenía que salir de dudas y entonces saqué el celular, busqué una fotografía de aquella mujer por la que estaba embelesado, y le dije al sujeto de la barra: "Dime que esta no es la mujer que has lastimado por no salir herido, por cobardía. Pero así como digo, Dios sabe cuanto te encanta".

El silencio reino, como jugada del destino el lugar calló la música, los demás callaron y él sólo miraba el celular aquella imagen, y en su rostro estaba marcada la expresión de estupefacción más aterradora que he visto en mi vida. Trás un segundo siniestro volteó a ver mi rostro, apartando su cuerpo de la barra y de sus labios sólo se pudo escuchar un "no es posible" ahogado.

La sangre comenzó a calentarse, sentía mis miembros temblorosos, tenía rabia e impotencia, quería golpearlo, quería hacerle saber cuanto lo odiaba, y le dije:

"Eres un idiota, no sabes cuán idiota eres. Tienes a tus pies a la mujer más fascinante de mi vida, a la mujer que emite luz tan sólo con sonreír y verte a los ojos. ¡La tienes, carajo, la tienes! y tú sólo pretendes que no importa, sólo por una estúpida corbardía."

No pude decir más, ambos sabíamos que si seguíamos en el mismo lugar aquello no terminaría bien. Él sólo pudo responder con un "lo siento, hermano, en verdad lo siento, no puedo ser valiente, no ahora, no con ella."

Mientras me apartaba de la barra y a su vez de aquel hombre que había destrozado a la mujer que amaba le grité sin importar si la gente llegara a pesar que estaba loco:

"Felicidades, la has convertido en piedra, porque si antes llevaba una armadura, al romperla lo único que has conseguido es que se vuelva de piedra y nadie más pueda tener acceso a ella, ni siquiera tú."

Salí de aquel bar sin rumbo, pensando en ella, imaginando su mirada, sus ojos café,  para así poder calmar mi rabia.

sábado, 7 de febrero de 2015

Pequeñas conclusiones.

Una pequeña pizca de azúcar con sal, una sobredosis de excitación y desvelo. 
Cabellos y frío, marañas de ideas y deseos, y al final nada. 

A veces todo llega como cubetazo de agua helada, sin quererlo, sin pedirlo, en ocasiones nada tiene una explicación tangible o razonable, a veces simplemente pasa. (Cómo me pasó a mi, y sigo sin entender porque, nunca me pasa,  soy una coraza)

El deseo puede jugar, el deseo puede ser la carne y la piel, puede estar presente en la claridad de la mañana o dormitando en la noche más helada. El deseo puede arrancar almas y sueños, e inclusive puede confundir hasta el corazón más estable. (Cómo al mío. Pero ya esta de nuevo en si sitio)

Las razones a veces no se pueden expresar o sólo están ausentes de las circunstancias. Las explicaciones no siempre llegan en frascos de verdad o mentira, a veces llegan confundidas. No todo se puede explicar, no todo se puede usar. 

Los silencios no siempre otorgan, los silencios a veces duelen. Pueden ser bombas que explotan y destruyen poemas a su paso. Quién calla no confiesa, no responde. Los labios cerrados pueden ser los labios más lastimados producto del alma más rota del mundo, de la mente fracturada, de la psique dañada. 

El vació en el estomago no es sólo producto del hambre, las náuseas son otras tanta formas de hacerte entender que no puedes seguir igual, que no puedes ser un alma rota, una vida perdida. Aquellas astillas en el cuerpo son maneras de hacerte entender que debes valorar tu vida, lo que eres y disfrutar lo que has decidido hacer con tu vida. Aceptarte y amarte a ti mismo cómo nadie más lo hará.


En ocasiones las palabras sobran, los labios reinan, la saliva y los dientes, besos. 

No siempre todo funciona, no toda confusión se aclara, no todos entregan de la misma forma, no a todos les pasa igual. Pero sin duda alguna todos merecen ser felices. (Incluso yo)

Y bueno, nadie merece ser un alma rota, amigo mío, y por lo mismo estoy aquí, apoyándote, porque mereces ser feliz, un alma libre, amigo, reinar tu propio mundo, tu propia mente. Ser feliz.
Porque soy hombro, para todos, todos mis amigos.



P.S. 

Perdón, es la única forma que conozco para liberar mi alma, porque siempre he sido así, y por cada confusión o persona en mi vida, siempre, sin excepción, existirá un escrito. No me odies por escribirte aquí. 


martes, 27 de enero de 2015

Algo sobre mi corazón roto.

Hoy voy a escribir desde lo más profundo de mi alma. Hoy sólo seré la Extranjera hablando con el corazón en la mano, como dicen por allí. 
Esto puede ser considerado un cuento corto más, una historia con un personaje que nace de la fantasía de la chica que teclea sin parar frente a la computadora, que escribe aquí en este blogg desde el 2009, o tal vez puede ser considerado uno de los arranques de sinceridad más profundos que alguna vez pude haber hecho llegar a los ojos de los demás.

Sin más preámbulos les contaré una pequeña y grande historia.
Soy la Extranjera en el 8-C y me ha tocado una de las formas más crueles de amar.

Dicen que cuando eres adicto nunca se deja de serlo, sólo lo controlas,  no hay forma de que esto desaparezca y entonces seas como antes, sólo existe la rehabilitación y en ella te enseñan a controlar aquellos impulsos que te llevan a aquello a lo que eres adepto. Pues bien, si eres adicto a algo y has estado en una especie de rehabilitación, entonces, podrás comprender y entender perfectamente lo que digo y me dirás que es cierto. 

Soy Extranjera y soy adicta. No sé cómo llegué a este punto, ni donde saqué el valor suficiente para salir  adelante, y sé que en este trayecto he estado sola, en parte acompañada por mis mejores amigos, pero cuando uno es adicto, en realidad se esta solo. 

La dependencia sin sentido  a algo mata, destruye y te priva de tu propia elección. Yo lo aprendí hace más de 4 años cuando por primera vez intenté desprenderme totalmente de él. De sus manos, su piel, su compañía, esos besos que enseñaban, pero sobre todo de su edad.

Soy Extranjera y soy adicta a un hombre. Soy adicta a él, al de la piel entintada, al del lunar en la mejilla, al sujeto que vive la misma adicción hacia una persona, hacia mi, y entonces salir de esta para ambos es aún más difícil. 

Lo conocí cuando tenía 15 años y desde entonces no pude desprenderme de él, pero no fue sino hasta tres años después de conocerlo que comenzamos una relación "amorosa", si es que se puede llamar así, una relación intermitente y dañina, y no podré negar que lo amé, y lo podía decir en su momento, entender porque estaba a su lado era fácil, pero entonces todo comenzó a ser tormentoso y ya no pude explicar porque seguía a su lado, porque acudía a su llamado o porque él acudía al mío, porque si yo le llamaba él siempre estaba para mi o porque si el aparecía en el umbral de mi escuela no le ignoraba y aún sabiendo que me dañaría, que lo lastimaría, que nos odiaríamos y amarías a la vez no nos dejábamos. No fue hasta que comencé a sentirme marchita, vacía, horrible y sobre todo muerta, que entendí que tenía que alejarme de él. 

Hoy les escribo desde una recuperación lenta pero segura, hoy 27 de Enero de 2015 cumplo dos años sin verlo, tocarlo, besarlo, pero no puedo decir que estoy libre de toxina, o rehabilitada al 100% porque mi foco de adicción sigue allí, latiendo, buscándome, porque el de la piel entintada no tiene aún el valor de salir del hoyo que cavamos juntos desde hace más de 7 años, y entonces para mi ha sido más difícil, porque por más que intento no saber nada de él, termino por responder algún mensaje o lo más difícil es tener que evadir sus múltiples números de celular porque entonces nunca puedo saber a ciencia exacta cuando será él o no, así que no estoy limpia, no lo he visto pero he hablado con él, no estoy recuperada pero estoy luchando por lograrlo. 

Necesito seguir siendo fuerte, porque de situaciones así se aprende. Las relaciones tormentosas y que te rompen en verdad el corazón te enseñan muchas cosas. Hace dos años escribí una carta en donde por primera vez fui lo suficientemente fuerte para poder hablar con sinceridad acerca de aquella relación lacerante, pero sobre todo tuve el valor de aprender de ella. 

Y así como en aquel día en donde me dispuse a tener entereza, así hoy tengo que seguir firme y alejarme de todo aquello que pueda tornarse en mi contra y hacerme daño, hacerme sufrir nuevamente. Porque aprendí que no daré todo a quién me entrega a medias, o a cuartos, aprendí que debo valorarme y tener dignidad. Que valgo lo suficiente para estar con alguien que así lo crea, y que si lo cree sepa luchar por mi. Aprendí que no puedo reparar almas rotas, no ahora y cuando pueda sólo serán mis pacientes. 
Pero sobre todo aprendí que aún no creo en el amor para mi, que sigo rota, que me destruyó tanto esa relación, esta maldita adicción,  que mi corazón sigue estando hecho una mierda y que por más que les hablo bien del amor a mis amigos, que por más que los aliento a seguir adelante, que los fracasos sólo son fracasos y que hay que tener valor para seguir creyendo en los sentimientos, en el amor, que les digo que nunca se rinda, para mi no es así, yo estoy decepcionada, rota y renuente al amor porque mi corazón ha sufrido más de lo creí poder superar. 

lunes, 15 de diciembre de 2014

El arte de morir.

Hace frío, tengo algo en las manos que no es mío, es una especie de líquido viscoso color bermellón, el aire trae consigo un aroma parecido a metal oxidado, algo que cala en la nariz pero extrañamente al gusto agrada. 
Estoy en una casa que rentamos hace poco más de un mes, de paredes blancas y carpintería color caoba, un decorado minimalista pero con imitaciones Andy Warhol y Roy Lichtenstein. 
Me pregunto porqué motivo dejé que ella decorara con arte pop nuestras paredes. 

Cuando la conocí supe que sería una especie de aire fresco en mi vida. Con su filosofía pop y su tesis en psicología del arte supe que era un alma que necesitaba liberar sus demonios por medio del arte. La literatura rusa era su debilidad, lo supe en la tercera cita cuando de la nada apareció un sujeto con un Chéjov en mano y entonces vi en sus ojos un brillo que no había visto hasta entonces, rompí el silencio de su contemplación y pregunté si todo estaba bien, sonrió como sólo ella podía, con su hilo de labios y pómulos pronunciados, abrió los labios y dijo: Claro, sólo que no es muy común encontrar a gente que como yo tenga una predilección por los autores rusos, sobre todo por Chéjov, que no es tan conocido como Dostoyevski. Pero, olvidemos eso, no quiero sonar una loca empollona de la literatura. Jamás olvidaré aquella pequeña conversación, el uso de sus palabras, la forma en que decidió dejar de hablar de literatura para que yo siguiera hablando de mi pasión. 

Salimos un par de veces más y entonces supe que la quería para mi, que no quería que ella se alejara de mi ni un día más, que no quería que saliera con otro hombre que no fuera yo, y entonces la besé, le pregunté si ella quería estar conmigo, pasar de ser sólo unos amigos más y compartir más en esta relación, me abrazó y me dijo que sí, que ella deseaba ser parte de mi vida y que yo fuera parte de la suya. Diez meses después nos encontrábamos cenando en una pequeña cafetería en la calle Donato Guerra, estaba terminando su café latte cuando le dije que si me ayudaba a conseguir una casa más grande, quería dejar el departamento compartido y comenzar una vida aparte, con un espacio en donde cupiera mi taller, así que le pregunté si me ayudaría a conseguir una casa para rentar, pero con sus gustos, porque para ese entonces yo sabia que ella sería la chica con la que quería compartir mi vida, mi vida entera, así que si todo seguía según mis planes dentro de 5 meses le propondría matrimonio aún a sabiendas de que ella no creía en el, pero sentía que si era yo quien se lo propondría no se negaría, ella me amaba como yo a ella, nada podría detener esto que sentíamos, que vivíamos. 


Un jueves por la tarde llegamos a una privada, habíamos visto el anunció en Internet y las fotografías de la casa llenaban la pupila de ella, así que decidimos concordar una cita con el arrendador y fue así que llegamos hasta esa casa de paredes color blanco. 
Fue como un flechazo para ella, supo que ese espacio era lo que yo necesitaba, así que sin duda dije "la rentamos", usé un nosotros y al parecer eso desconcertó al amor de mi vida, me vio un poco confundida, así que tomé su mano y le dije que le agradecía, que gracias a ella había encontrado mi nuevo hogar, lo menos que quería en ese momento era asustarla con un compromiso tal, por extraño que parezca aquellas palabras lograron conciliar su estupefacción y sólo dijo "por nada corazón". 


Basto un par de semanas para que la casa estuviera impecable, con decoraciones en arte pop y muebles minimalistas, como ella dispuso, como le pedí que lo hiciera, "imagina que es tu espacio, así que decóralo a tu gusto", y fue así que Andy Warhol llegó a mis paredes. 

Y entonces sucedió lo jamás debió haber sucedido. 
Una tarde de invierno, lluvia y frío, ella entró por la puerta,  botó la chamarra en el sofá, como era ya su costumbre, tal vez eso es lo que más desesperaba de ella, que dejara sus chamarras por cualquier lado del sofá en lugar de dejarla en el perchero. Corrió hacia mi taller y me abrazó con tal entusiasmo y dolor que no supe como reaccionar, por primera vez en un año de relación me asuste, tuve miedo de perdela sin saber que eso pasaría, la alejé de mis brazos y  le pregunté que ocurría, me dijo "nada, vamos a la cocina por un buen café, de ese espresso caramel que tanto te gusta". Me tomó de la mano y la seguí, no hubo tiempo de dejar el formón en el taller.

Llegamos a la cocina y sacó de la alacena aquellas cápsulas, dispuso todo en silencio y la maquina comenzó a trabajar. Estaba de espalda a mi, viendo por la ventana, así que la giré para preguntarle nuevamente de frente que es lo que ocurría, aún con el formón en mano. 
"Me iré en Enero", no pudo decir más porque de sus ojos comenzaron a brotar lágrimas pérfidas. Sólo pude decir "¿qué?", secó las lágrimas y me dijo "me aceptaron para el master en la universidad de Lyon, me iré en Enero a Francia", se abalanzó a mi y me abrazó, le pregunté que en que momento ocurrió todo eso, sin dejar de abrazarme me dijo al oído que meses atrás había comenzado los trámites, era una especie de juego, que no pensaba que la aceptarían, pero que su mejor amigo le había dicho que lo intentara, y así fue, y que un par de semanas atrás le habían dicho que lo había logrado, pero que no sabía que hacer. La alejé de mi, de golpe ella estaba a un metro de distancia de mi, la vi y no supe que sentir, si enfado, alegría, rabia o tristeza, no quería que se fuera, la quería para mi, la quería siempre para mi, le dije que no podría vivir sin ella, sólo dijo "pero cariño, es una oportunidad que siempre he deseado, por favor, amor, necesito de tu apoyo, necesito saber que eres feliz por mi, porque no importa la distancia, yo te quiero a ti, y eso no cambiará, el tiempo pasará volando."

Me negaba a escuchar aquel discurso gastado, la cólera comenzaba a subir por mi estómago, la sentía nacer desde mis entrañas, subir y encender el miedo más profundo, el miedo de perderla, de que en Lyon, lejos de mi encontrara otros brazos, otro amante que no la comprendería como yo, empuñé con fuerza el formón, y entonces dijo lo que nunca debió hacer salido de su boca: "Amor, si tú y yo somos el uno para el otro, si los nuestro es real, a mi regreso nos volveremos a encontrar", no podía creer, me dejaba, no le daba ni siquiera la esperanza de vida a este amor innegable dentro de la distancia, simplemente se marcharía sin llevarme en la maleta, la odié, la odié y le grite "zorra, tú lo que quieres es ser una maldita zorra libertina lejos de mi, de casa, de lo nuestro", antes que ella pudiera emitir palabras nuevamente me abalancé a ella con el formón en la mano y sin dudarlo le clave en el corazón aquel metal helado y sucio, su mirada penetró en mis ojos, sus piernas cedieron al dolor y se desplomó ante mis pies, le pregunté "¿por qué no me amas?", y clavé nuevamente el formón, una y otra vez hasta que su cuerpo dio paso a ser  una obra de arte contemporánea  de uniformes manches rojas en un fondo turquesa. 

Llevé el cuerpo hasta el sofá, pensé que ella debería haber estado allí, saqué de su bolsa el libro en curso, era un Julia Navarro, lo puse sobre su regazo, como debía haber sido, como tenía que suceder desde su llegada, ella en el sofá leyendo mientras yo dejaba todo en orden el taller para acudir a su llegada, para poner la cafetera y disfrutar ambos de una velada cálida. 
Nada había pasado aquella noche, porque todo estaba como siempre, todo ya estaba dispuesto en aquella sala, ella era mía, ambos en el sofá rodeados de Roy Lichtenstein, ella tenía el libro y yo, como siempre, mi taza con café espresso caramel. 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Bosquejo de una idea perdida.


Miro el cielo, el profundo de las nubes me llena los ojos, me recuerdan lo pequeño que somos, lo insulsos que somos para el universo y la egolatría de querer ser más que este.
De pequeña soñaba que eramos muñecos y que un gigante jugaba con nosotros, y desde entonces sigo creyendo que somos una especie de juego siniestro de la vida. Ese pensamiento suele recurrir a mi mente cada que la vida me da una bofetada, una patada. Cada que algo sale mal, veo a la vida a carcajada abierta, siento como se me apagan las ganas de seguir adelante. ¿Te ha ocurrido que no sabes si debes seguir  luchando o mejor dar las armas, sacar las manos en alto en pro de una rendición fulminante?
Eso me pasa a menudo, eso me pasa desde hace unos días.
Mis manos están en alto, pido la paz y la vida no me da tregua. ¿Cómo puedes seguir si la vida no te da la oportunidad de seguir en pie?
A veces siento que tanta desesperación no es normal, que tal vez tengo algún tipo de problema mental que no me permite seguir en lucha constante. Pero entonces me doy cuenta de que esto no puede ser del todo así, porque la vida si me esta dando golpes en la cara.
Pero a veces no me siento lo suficientemente fuerte para estar de pie, a veces no puedo más y doy la más hermosa lágrima de rendición.
¿Te he dicho que no sueño con alguien desde su partida? 
Me cuesta dejar ir las cosas, tal vez lo aprendí de casa. Desde pequeña veo cosas en los libreros, muchas de ellas sin utilidad alguna. A veces siento que gracias a este ejemplo le tomé mucho amor a las cosas, o más bien cierto temor al desprendimiento.
No puedo tan fácil dejar ir su imagen, me cuesta dejarlo ir, no sé porque. 
Tal vez por eso hoy vengo escribiendo mucho sin sentido, todo sin un orden lógico o gramatical.
¿Es posible dibujar sin un estilo? ¿es acaso normal estar sacando todo sin un sentido? 
En ocasiones me imagino una vida así, y entonces encuentro que los últimos años en mi vida han sido así, no tengo un orden real, brinco de una relación a otra, de una carrera a otra y una idea  a otra sin orden lógico, entonces me gusta pesar que tanto esto como lo demás podrá ser un imaginario de las cosas bien hechas, 
No entiendo como no puedo dejar de teclear, de no hacer las cosas así, al aventón diría mi madre, dejar esto que no tiene pies ni cabeza y de una vez por todas comenzar mi protocolo de investigación. 

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.