martes, 5 de agosto de 2025

De sueños y príncipes azules

 ¿Alguna vez han tenido un sueño que parece real, salido de toda lógica, pero real? Estoy segura que sí, todos hemos pasado por esa esperanza de que nuestros sueños más vívidos se conviertan en una realidad tangible, pura y llena de felicidad. Una realidad que nos apapache el alma y que con el simple hecho de hacerse realidad nos confirme que todo estará bien. 

Yo, desde pequeña he escrito, a veces de manera poco usual, pero siempre lo he hecho. Aprendí a plasmar en letras esos sueños y esas ilusiones que tocan cada fibra y con ello sanan. En ocasiones encontrarle las palabras a los sueños no es tarea fácil, pero cuando ya gestan en ti, cuando ya han pasado a formar parte de ti, entonces sólo basta un pequeño empujón, la primera letra para que ese sueño se convierta en una historia que merece ser contada, y que con la esperanza de quién desea ver el amanecer, y con un poco de suerte, se conviertan en realidad.

A veces regreso a esas letras ya caducas para verme en el pasado, abrazarme y decirme que las cosas no han salido así pero que han mejorado; también tengo tiempos más oscuros en donde acudo a ellas para confirmar que si  bien las cosas no son lo mejor tampoco es esa pesadilla que tiempo atrás escribí. 

Hay narraciones que me hacen  feliz, porque tantas veces escribí batallas internas en donde la protagonista parecía y darme cuenta que ella, la mujer de esos cuentos, sigue viva me reconforta el alma. 
Otras tantas duelen un poco, porque el dolor en la tinta aún se siente cuál filo en los brazos y darse cuenta que esa historia es aún tan vigente como antaño quiebra un poco el alma. 

Y después llegan esas historias que desgarran el corazón, queman y dejan salir lágrimas pérfidas, esas que te cuentan que los sueños no sólo no se hicieron realidad, sino que quedaron tan atrás que ya son imposibles de rescatar, son esas letras las que verdaderamente marcan la piel, duelen en la vida y te ahuecan el alma. 

Son esas historias y sueños que a veces me hacen pedirle tregua a la vida. Una mañana desperté sin ser esa filósofa que tanto soñaba ser y que en tantas historias escribí, me levanté de la cama sin ser esa escritora que tanta ilusión me hacía ser, leí muchas historias que les escribí a amigos que ahora ya no están, que se han marchado y me vi envuelta en la soledad.

Después llegaron las historias que no verán la realidad, esas, las que todas las mujeres amamos, unas en silencio y otras sin temor, las historias y sueños de amor. Y no me refiero a clásicos Disney donde esperamos ser salvadas por gallardos y apuestos príncipes azules. Son esas historias donde el amor es cómplice de un hombre real, que su osadía es ir por plena avenida con unas flores en mano para la amada. Que su mayor acto de amor es cuidarte todas noches de esos malos sueños que nublan la realidad. Leí esas historias escritas por mí, en donde las cenas, los libros, cafeterías, viajes, conciertos,  besos robados eran el modus operandis del hombre amado, y que con el final vendría una gran sorpresa, brillante y acompañada de un gran vestido blanco. 

Así como los sueños, las historias también cambian, los escenarios y los príncipes azules a veces se tornan de otro color, pero si su tono combina con el tuyo, si eso pasa, aférrate a su color, porque de ambos nacerá una nueva gama que brillará con luz propia, que encenderá nuevos sueños y contará historias memorables. Si eso pasa, no importa que el sueño de un pequeño giro, lo importante es que en ese giro él siempre esté contigo.

lunes, 20 de enero de 2025

Lo que yo jamás podré ofrecerte.

 

Mereces a alguien que te respete, que te de la oportunidad de también tener momentos malos, así como buenos.

Mereces a alguien que te de la estabilidad emocional que, poca a mucho, esta vida puede ofrecernos.

 

Yo hace años dejé de ser ese alguien para ti, creo que tal vez jamás lo fui, sólo que cuando llegaste a mi vida estaba tan elevada que nunca nos dimos cuenta que yo no era eso que mereces, porque mereces más que unas lágrimas pérfidas por la noches, mereces mucho más que ver cortes y moretones en piernas y brazos, mereces mucho pero mucho más que fármacos escondidos para que cuando el día llegue y la decisión sea permanente sean sacados de su escondite.

 

Tú no mereces días de silencios y de agobios, no mereces discusiones en pequeños charcos de agua, antes bien, por ser quien eres, por lo que eres, mereces ser feliz, gozar plenamente de tus logros, victorias, de tus alegrías y porque no, también de tus tristezas.

 

Yo agradezco el esfuerzo, toda esa paciencia, ese intentar entender qué es lo que pasaba por mi vida, por mi mente, por mis emociones, en verdad sé que en algún punto intentaste entender cuando te dije que mis emociones eran más intensas de lo común, que era como si yo fuera un paciente de piel quemada y que al caminar por las calles y me cayera una hoja, mi sentir, ese dolor en la piel viva, jamás iba a ser igual al de alguien que no tiene una piel quemada, pero en verdad sé que lo intentaste. 

Sólo que sencillamente la vida no se trata de sólo intentar, y mereces más que eso, mereces tener a tu lado a alguien que no sea en sentido figurativo una piel quemada, mereces a alguien que te escuche, abrace, que te entienda, que comparta de la misma manera tus alegrías y tus tristezas, que enfrenten juntos molinos de viento y que ganen batallas hombro a hombro. Que noche tras noche vayan a la cama, se amen y se abracen y que duermas tranquilo, sin la zozobra de saber si a media noche esa persona estará llorando, estará golpeando muebles, si se estará lastimando o peor, que esa persona que estas amando esté intentado dejar este plano terrenal. 

 

Mereces la plenitud que yo jamás podré ofrecer, porque aunque lo intente, estoy condenada a una vida de miedos, tristezas, exageraciones, porque la vida se empeñó en darme esto, esto maldita sea, que no es vida, que es ser Sísifo con su piedra y noche tras noche, volver a la falda de la montaña para volver a cargar ese lastre que se llama locura.

 

Porque te amo y sé que mereces mucho más, más de lo que yo pueda ofrecer alguna vez, te dejo ir, porque mereces ser la persona más feliz y plena de este planeta, mereces volar sin ningún tipo de lastre. 

viernes, 14 de julio de 2023

Variación en mis neurotrasmisores.

Estoy asustada...el terror nace nuevamente desde las entrañas de mi ser. No quiero caer en ese pozo sin fin donde la única salida que logras ver es el final de tu propia existencia. 

Esta primer mitad del año ha sido un poco mierda, por ser positiva y no decir que ha sido todo un desastre. Febrero llegó con huracanes implacables. Para mantenerme "cuerda" mis neurotransmisores hicieron clic nuevamente y me llevaron a ese estado que tanto he extrañado, donde el poder y la confianza es todo lo que emana tu ser, cuando por fin te sientes que puedes contra todo y contra el tiempo, no hay días que desperdiciar ni proyectos que abandonar, vives haciendo lo mejor de ti, dándolo todo, porque el mundo te queda pequeño, por fin sientes la sonrisa y la diversión que envuelve todo y nada malo pasa. Pero de pronto, cuando estás en la cima del huracán y el viento cesa, comienzas a caer, y caer, y caer. Tocas piso desde lo más alto, la caída siempre duele, te quiebra, y sientes como a poco a poco cada una de tus extremidades se aflojan, se van separando de tu cuerpo y ya no eres un conjunto, hay pedazos de ti por todo el suelo, y quieres armar tu rompecabezas, lloras en la oscuridad de tu habitación creyendo que las lágrimas serán pegamento e imán y que de apoco te irás reconstruyendo nuevamente, y que un día lograrás ver de nuevo ese huracán que tan bien se siente estar en él. Pero hay veces que no llega, que pegarte los pedazos de ti no ha resultado, y lo único que tienes es la sonrisa fingida para los que te aman, para darles la tranquilidad de que tú estás en calma, que el viento no te doblegó. Porque ellos nunca se dieron cuenta que estuviste elevada, porque en ese estado todos se encuentran sorprendidos pero agradecidos de ver que eres nuevamente "tú", esa mujer implacable que podía lograr todo aquello que se proponía, ven la energía y la confianza y se alegran ante ella, pero tampoco han visto la caída, porque sólo tú la sentiste, la viviste, y no quieres preocuparles. Lo único que está en tu mente es darles paz a ellos, dejarles vivir sin preocupación, sin miedo a las navajas, a las pastillas o a las cuerdas. Porque en lo único que piensas es que no quieres volver a ser una carga, carga emocional, física y económica. Intentas levantarte todos los días con las pocas ganas que te quedan para darte fuerza y asegurarte a ti misma que esto se irá pronto, que la vida continuará y que pronto llegará el viento, ese viento que te eleva al infinito, donde todo es posible, donde vuelves a ser "ella", la mujer que tuvo éxitos, seguridad, coqueteo, independencia, ser la hija perfecta, la hermana perfecta, la pareja perfecta que él siempre soñó y que por un instante la tuvo. Tuvo la dicha de sentirla y vivirla, de verla crecer y sentirse orgulloso de ella, de ser la pareja de ella. Así que cada día, con las pocas fuerzas que te quedan lo intentas, lo intentas y lo vuelves a intentar, hasta que un día todo tu cuerpo se desprende por completo, la sonrisa fingida comienza a desvanecerse y la piel se empalidece y la ansiedad va reinando y las crisis aumentan y son cada más implacables, te das cuentas de que ya no puedes, que necesitas ayuda, que te da miedo entrar en la oscuridad perpetua y no alcanzar a ver nada de luz, y allí, cuando la desesperanza te dobla, es justamente allí donde comienzan a ver que a has caído, nuevamente, y que comenzará la batalla contra las tinieblas, y el miedo ahora comienza a apoderarse de ellos, la intranquilidad de dejarte sola no los deja dormir noches completas, tus desvelos son sus desvelos, tu cansancio ahora también es cansancio de ellos, tu impotencia se impregna en ellos, y ahora tú ves el huracán que comienza a gestarse en ellos, la necesidad de ayudar y no saber como, porque ni tú misma lo sabes, porque por más que avanzas en el camino, la recta no se ve, y el camino sigue siendo sinuoso, empinado y con cuestas, curvas que parecen que regresan al camino, hay deslaves y piedras que impiden el andar. Ya no sabes cuál camino tomar, y ellos tampoco, y ves con rabia, enojo hacia ti misma,  el verlos llorar, sufrir, sentir su impotencia y desesperación, el preguntarse "¿por qué?", el no entender que es lo que pasó nuevamente, la frustración de verte así a pesar de los años que llevas con medicación, con ayuda psicológica, porque creen que el encierro en la clínica no te dejó aprendizaje, y en ellos retumban las ideas de que tal vez no has dado todo de ti, no has querido progresar, que te has pausado y no quieres avanzar, pero es que ellos tampoco entienden tu frustración, el dolor de saber que a pesar de los años no has logrado encontrar la fórmula que te mantenga en pie, sana y fuerte, que te haga regresar a esos años donde todos estaban orgullosos de ti, y que incluso tú misma lo estabas, que no ha llegado la línea recta de las emociones, que a pesar de tantos, y a decir verdad, tan pocos años, no se logra salir de esos caminos llenos de baches, donde una temporada te encuentras navegando en una balsa y que de pronto se comienza a hundir, y vas viendo la profundidad del mar, el misterio de su oscuridad y que de pronto, esa balsa comienza a emerger y se vuelve un proyectil lanzado al firmamento, y ves como todo mejora y ves las alturas y te sientes que por un momento ha llegado, que es el día en que todo se reconstruiría nuevamente y por fin tocarás el sol, pero tocar el sol tiene su precio, al llegar a él y darte cuenta que quema, tu cuerpo se impulsa al vacío, y cae, y cuan alta es la subida, tan brutal es la caída. 

Así estamos hoy, luchado contra la depresión bipolar resistente, quizá en poco tiempo estaré en un sofá sedada por un líquido que me han prometido me hará mejorar, por tiempos, o quizá, tal vez algún día, estaré recostada en una mesa, sedada con electrodos en mi cerebro recibiendo descargas eléctricas. 

Hoy, sólo estoy segura de algo: tengo miedo.

domingo, 11 de diciembre de 2022

Disipar nubes sombrías del pensamiento.

 Existen pequeños hechos o sucesos que suelen marcar la vida.

En ocasiones uno siente miedo de si mismo y eso paraliza, estanca y hasta hiere no sólo el corazón propio sino también el ajeno. Afrontar demonios (muchas veces inventados por la misma cabeza, diría que casi todas) nos engendra incógnitas y escenarios catastróficos que pueden llegar a ser punzantes en la cabeza, suelen generarse cuando uno menos lo espera, con tan solo un pequeño viraje en el timón, todo tipo de catástrofes se comienzan a gestar en las ideas, sobre todo, en las de los que solemos escribir (nos encanta crear historias).

Cuando uno se imagina una puesta en escena diferente a la que se estaba (o debería estar) sucintando, los pensamientos negativos vuelan, laceran el alma y se instalan dentro, tan dentro, que con tan solo un par de minutos comienzan a generar moho y toxinas dentro de uno. A raíz de eso el temor comienza a entumecer, y es allí cuando se rompe el trayecto, se destroza en pequeños pedazos que al intentar recomponerlo no solo cuesta trabajo, sino que también, en muchas ocasiones, se ensamblan de manera dispareja, haciendo que el camino tome otro rumbo. 

Muchas veces el miedo recae en los propios sucesos buenos. En ocasiones es tan hermoso algo que eso asusta, da temor que se pueda fracturar y -paradójicamente- al crear esos pensamientos dudosos y temerosos de la bondad de lo que se está viviendo, funestamente, aquello se vence.

Ahora, mientras escribo esto, pienso en el pánico que sentí, en lo terrorífico que me fue el pensar que esa especia de historia donde lo virtuoso que he mantenido en estos años se iba, se agotaba y sin poder hacer nada -quizá sí lo podía- todo se nublaba, una tormenta se acercaba y advertía que esa aventura buena se iría pronto por el desagüe.
Cuando eso sucedió, el pensamiento negativo hiperacelerado llegó, se instaló como el cliente frecuente, y sin pensar las cosas (como suele suceder en esos casos) solo pude arrojar fuera de mí, en forma de palabras, lo que yo creía sería la "solución" para escapar de esa sensación de sombrío; y entonces fue como si hubiera sujetado un cristal y sin darme cuenta dejarlo caer. Así fue como resquebraje esa historia afable. Que necia, que simple fui.
Desde ese instante cogí ese cristal, lo he sostenido entre mis manos, pegándolo al pecho para pedirle perdón, para no dejarlo caer nuevamente. 

Sé que debo dejar atrás el crear acontecimientos desfavorables y que tengo que dedicarme a trabajar en creer en lo benévolo de la vida.Y eso hago.

Ya lo decía el poeta Rilke: "He hecho algo contra el miedo. He permanecido sentado todo la noche y he escrito."
Hoy hice eso.







miércoles, 8 de junio de 2022

Viajar al cielo.

 Les contaré un pequeño secreto, cuando me siento un poco triste me gusta meter mi pequeño cuerpo bajo las camas de mi casa. A veces lo hago en la mía o en la de mis padres, pero me gusta más la mía, tiene el tamaño justo para poder sentirme cómodo.

Cuando estoy bajo las tablas me imagino que así se veía mi abuelo en esa caja de madera que vi cuando mamá me dijo que él ya estaba en el cielo. Me imagino que soy él, que estoy por viajar al cielo y que allí ese huequito que siento en el pecho desaparecerá, entonces, cuando ya me siento más tranquilo, así como liviano, me pongo a llorar porque solo así me siento mejor. Es curioso, como si a través de las lágrimas mi soledad se sintiera menos.

Últimamente me ha dado por meterme bajo la cama con un lápiz y con él, tras haber llorado, escribo en la madera una especia de carta a mis padres. No escribo mucho, solo les pongo que no me siento bien, que me gustaría estar con mi abuelo y al final les digo "adiós". Cuando suelto el lápiz cierro los ojos y me quedo quieto por mucho tiempo. Esa sensación me gusta porque es como si no estuviera y como si nada malo pudiera pasarme.

El otro día mamá me vio salir de debajo de su cama y me preguntó que qué hacía allí, le dije que estaba jugando a ser mi abuelo y que quería irme al cielo porque no me siento bien. No entiendo porqué, pero ella me abrazo casi como si fuera a romperme y lloró mucho. Creo que piensa que lo que hago es malo, pero no sé porque no me entiende y me deja seguir jugando a viajar al cielo.

lunes, 4 de abril de 2022

Días duales

 Ves como se desmorona el castillo de naipes, mi castillo. 

 A veces, los días son así, desde la dualidad las cosas son distintas, puedes vivir un día emocionante, pero de pronto algo puede hacer derramar el vaso que se ha estado llenando fuera de las crisis, y cuando eso sucede tu mundo se sacude, tu mente vuela como pluma al viento, sin destino, dejándose llevar, y eso no siempre es bueno. 

Los sentimientos se embarcan en un balsa de cristal, frágil, transparente; imposibles de ocultar. Cuando tocan puerto sientes como cada uno, de apoco, salen y se niebla la vista. Queman en las manos y la única salvación es soltarlos, dejar que se derramen y hundan tu cuerpo. A veces, los días son raros y difíciles, el estado melancólico se intensifica y tus piernas tiemblan, tú divagas, la pesadez se apodara de ti y sin darte cuenta el misterio de la vida y la muerte se devela ante tus ojos.

En esos días uno sueña con no estar enfermo.

lunes, 14 de febrero de 2022

Carta a ti, que siempre me lees.

Paul García, querido amor.

Antes que nada quiero que sepas que no esperé una fecha comercial para escribirte, sólo es que hoy desperté con esa sensación de querer decirte todo eso que me has aportado, todo eso que me haces sentir y por lo me has ayudado a crecer.

Sé que con los años a veces se pierde el detalle de expresar el amor que uno siente hacia el otro, y no quiero que pasen más meses sin que sepas que a pesar de todas las vicisitudes y de todos esos embrollos que hemos pasado aquí tengo mi vida para ti, para compartirla contigo, para ser siempre uno a lado del otro (hasta que esto nos dure, que espero que sea para nuestra eternidad).

Un día me giré en la escuela para entrometerme en una charla en la que participabas, y sé que me viste con cara de "esta mujer porque se mete" y me apene, y sólo pude regresar la mirada al frente. Tiempo después coincidimos en una reunión en un bar y allí, entre la nada y lo que puede ser, estábamos charlando, y sin querer comenzó lo que ahora es 4 años de relación. 

Llegó el altibajo más cruel de mi vida, y allí te quedaste tú, a mi lado, porque para ese entonces ya había demasiada conexión entre ambos, quizá no te había expresado cuán agradecida estoy de que me apoyaras y de que lo sigas haciendo, a pesar de que esta batalla que libro contra la vida es algo que no pediste, que no mereces vivir, y aún así, sigues ahí, al pie del cañón. 

Sé que he cometido errores, qué he sucumbido ante ciertas situaciones que han puesto en riesgo esto que hemos construido, y quiero que sepas que me arrepiento, y sé que con pedir un perdón no basta, que con el arrepentimiento no se remiendan los daños en el corazón. Por eso, quiero que sepas, que todos los días lucho por volver a cimentar la confianza que en algún punto traicioné. 

Del amor poco sabía y del dolor me había convertido en experta, y por ello había hecho una coraza en mi corazón que tú supiste atravesar sin dañar, porque te enseñaron desde casa que un hombre no lastima y que ofrecer lo que uno es, no lo que uno tiene, es más poderoso que las palabras vacías.  

Me has enseñado que la vida no es cálculo cuadrado, que la existencia es más que aprender de libros y teorías, que allí afuera te pueden comer por no saber de la calle, que uno puede seguir en este juego si se tiene intuición y sobre todo si hay pasión por la vida misma. 

Me encanta tu ejemplo de perseguir los sueños y convertirlos en realidad. Tu entereza ante los problemas. 

Hoy, me doy cuenta de lo mucho que significas para mi y de lo poco que te lo he escrito.
Una vez leí en algún sitio que "si un escritor se enamora de ti nunca morirás", y es cierto, porque habrá historias, cuentos y cartas dirigidas así ese ser amado que lo harán perdurar.  Así que hoy me prometo que no dejaré que mueras, porque te amo, porque si algún día esto que tenemos se apaga me encantaría que el mundo siempre recuerde que en este corazón remendado has vivido y siempre vivirás. 

Firmaré esta carta sin un seudónimo, porque quiero que sepan que esto que siento por ti es real y no son palabras al aire. 

Con mucho amor, Ana Rivera.

 


miércoles, 17 de noviembre de 2021

De trabajos y hielos al sol.

 A veces somos como un hielo al sol, derritiéndose mediante pasan las horas y sintiendo que poco a poco se acaban las oportunidades de estar, de sentir que hay más allá del "aquí y ahora". 


Hace un par de horas viví esa sensación.
Crecí con miedo al fracaso, y de allí vienen a desarrollarse un sin fin de problemáticas en mi vida, sólo por un miedo, que ahora veo absurdo. Conforme pasaban los minutos, sentía en mi pecho un enorme apretón que hacía que mi respiración fuera entre cortada, que doliera al salir. 

Desde hace tres años que no tengo un empleo fijo, de esos de 8 o 9 horas laborales, prestaciones de ley y su sueldo quincenal o semanal seguro. A raíz de mi primer colapso "nervioso", si es que así se le puede denominar a la caída súbita por la bipolaridad, he presentado este patrón. 

No me puedo quejar, en realidad en estos años no he dejado de trabajar, salvo por un par de meses y eso a causa de recaídas. Pero lo cierto es que he estado trabajando, en punto de venta, inclusive en una agencia de marketing, de donde puedo decir, salí feliz por mi propia cuenta.
Así mismo me he prestado a servicios freelance de redacción (benditos meses fueron esos). Ahora, me encuentro trabajando con mi pareja, en su negocio de créditos hipotecarios, y me gusta, me encanta ver como se esfuerza diariamente por ser propio jefe, de ajustar tiempos y sobre todo, sobrellevar la chinga que es tener que ser tu propio jefe. 

Me gusta estar presente, porque a parte de verle a hacer magia laboral, me ha ofrecido aquello que los empleos "formales" no podrían ofrecer, y es que ahora soy dueña de mi tiempo, de mis entradas y salidas, claro está a cumplir metas, y sobre todo a llevar bien el trabajo que se me ha dispuesto. 

Pero, recapitulo, me he sentido derretir porque a veces tenemos desencuentros en los que me solicita mayor proactividad, y lo cierto es que tiene razón, pudiera hacer más por el negocio, ayudar a que esto crezca y podamos ser una mancuerna ideal para salir de todos los baches, pero, incluso en mis mejores tiempos de enfermedad, me da miedo dar ese salto, porque aún sigo siendo esa niña con miedo al fracaso. 

Hace no muchos días me dijo alguien muy sabio y que me conoce muy bien lo indispensable que me volví, tiempos atrás, en mis antiguos trabajos, y que eso no cualquiera, que inclusive eso pudo ser un factor que me envío a las garras del sobre estrés, una carga en la que mi mente y cuerpo no pudieron más y entonces explotaron, sintiendo, nuevamente, que el fracaso había sido la razón de mis renuncias, de mi colapso, y sobre todo de mi enfermedad. Pero lo que aquella persona me decía era que necesitaba volver a sentirme así, no con estrés por otros, sino indispensable, fuerte en lo laboral y sentir que soy capaz de realizar tareas por mi propia cuenta sin necesidad de un manual.

Y pues aquí estoy, en una encrucijada entre dejar la bondad del trabajo con mi pareja y el de salir a pelear por un puesto de 8 a 6.

Aunando a esta difícil decisión, se vienen las palabras, ciertas y con razón, de mi novio, puesto que día a día me alienta a ser mi propia jefa, a no regalar mi sabiduría a otros por un salario mínimo con horarios complicados para mis citas terapéuticas y médicas. Que soy muy capaz de hacerlo por mi cuenta, y entonces el sol irradia más fuerte, y el hielo comenzó a derretirse con mayor rapidez. 

En fin, hace minutos sentía mi corazón salir de mi pecho, benditas sean las letras, pues ahora, en este mismos instante me siento más tranquila, y entonces mi panorama se abre y entiendo muchas cosas.
Me acabo de dar cuenta que mi pareja tiene razón, puedo ser capaz sin necesidad de recibir instrucciones de un alto mando que al final, podrá prescindir de mí, porque no estoy dispuesta a desgastar mi salud emocional nuevamente. Que es momento de "agarrar los toros por los cuernos", y entonces que puedo emprender, que soy hábil, y que aquella persona sabia que me recomendaba un trabajo fijo, también tenía razón, pero referente a mi persona, que si necesito ser productiva, indispensable y proactiva, puedo hacerlo por mi misma, sin necesidad de la aprobación de alguien más. 

En este mismo instante les diré, trabajo,  no recibo un chivo, puesto que me levanto a realizar trabajos laborales, porque me esfuerzo porque caiga "la papa", porque hoy día laboro en la empresa de mi novio, y que él me paga por comisión, así que si no soy activa en mi trabajo, sencillamente no gano.
 

Necesito dejar en claro, para mí, por mí, que si no tengo un trabajo "estable" no quiere decir "fracaso", es sencillamente un vista hacia otro rumbo, donde no cualquiera pude voltear, porque piensan que la realización personal es en un empresa no propia. 

Aquí le dejo, porque esta verborrea me ha hecho sentir que le debo dar un fuerte gracias a la vida, por darme la oportunidad de estar aquí y ahora, de no ser un hielo, y de que el sol a penas se haya asomado el día de hoy.

P.D. Es momento de empezar mi propio negocio.

sábado, 19 de junio de 2021

Carta a ti, bipolaridad, mi entrañable amiga.

Estimada bipolaridad: 

 Hoy quiero romper el silencio, quiero darte la bienvenida en mi casa, en mi 8-C. 

Me ha nacido escribirte a ti, que has reinado mi mundo durante toda mi vida, pero a quien apenas conocí de frente hace apenas 2 años.  A ti, quién me dirigió al verdadero vacío y me enseñó la cara más frágil de la vida. 

Poco conocemos de ti, bipolaridad, porque hemos estado viviendo en un mundo de inexplicables confusiones en donde se ha mantenido el desorden de la explicación de que eres un simple cambio en el estado de ánimo, y donde el padecimiento es un juego para los demás. 

A ti, estimada amiga, te debo mi fortaleza, mi entereza actual de saber como sortear mis problemas, porque midiéndolos contra ti, todo lo demás es miniedad. 

Porque una vez mostrada esa cara de la depresión constante que me ha llevado al filo del suicidio puedo decir que vivir, hoy, es una fortuna. 

Te agradezco también porque me has enseñado quienes son los verdaderos amigos, que ante el fracaso, las caídas, las manías, el sexo desenfrenado y una que otra pérdida de memoria ante la manía han estado allí, y sobre todo, ante tu diagnóstico no se fueron de mi lado. 

También me enseñaste que la familia estará contigo ante cualquier situación. Que no importa el dinero, la distancia o el miedo ante ti, ellos estarán para mi porque me aman. 

Entrañable bipolaridad, tanto te debo que no me han bastado los últimos párrafos para poder agradecerte. Pero es que ha sido tanto tiempo, tanto aprendizaje que una carta no bastaría para demostrarle al mundo todo lo que me has regalado. 

Antes de aceptarte intenté luchar contra ti, y no me gustaría que dejaras pasar por alto que el que hoy te escriba tiene que ver mucho con que el hombre de mi vida me hizo entrar en razón para poder admitirte. Gracias a él hoy puedo entender mejor mi diagnóstico y sobre todo, me ha enseñado que no soy eso, "el diagnóstico", no soy tú. Que sólo eres una condición más. 

Poco sabemos de ti y eso me aterra en momentos, porque cuando creo que te he llegado a conocer del todo, caigo en la cuenta de que no conozco ni la medida de tus tobillos. Pero he entendido que tú si me has sabido comprender, que tú has llegado a conocer mi talón de Aquiles y con ello, has hecho que me quiebre a ratos. 

Lo dual se ha apoderado de mi, querida amiga, tanto que la prescripción ante ti ha llegado en dos: medicamentos y terapias. Porque me han explicado que debo aprender a vivir contigo, porque eres esa condición médica que no desaparece cual catarro, porque eres parte de mi, así como yo soy parte de ti. 

Estimada bipolaridad, hoy necesito que el mundo te conozca, para que también logren entender mis verdaderos miedos. 

Me nace escribirte esta carta, para demostrarme que no tengo más problema en aceptarte, que entiendo las vicisitudes que me han llevado a ello, pero sobre todo, porque he aprendido a amarte. 

Con verdadero y estimado amor, la extranjera en el 8-C.


P.D.

No dejes de enseñarme cosas, que prometo, por el amor que me aprendido a tenerme, que cada lección la aplicaré en mi día a día...pero sobre todo, la compartiré con el mundo.


martes, 12 de noviembre de 2019

Allá afuera va a llover

Veo el cielo y comienza a nublarse, se pinta de un gris que anuncia una tormenta y no logra inmutarme, ya nada ha conseguido hacerlo en este último año. La saciedad y el placer son dos cosas que he perdido, que tristeza, pues en ese sin sentido he arrastrado al fango a personas que amo y que llevan por bandera el signo de interrogación, "¿qué puedo hacer yo?, ¿qué es lo que le pasa?", y no entienden que ni yo misma logra explicarme esta perra enfermedad.

Estoy en casa, en mi 8-C escribiendo porque las ganas de correr al abismo me corroen, porque perderme suena tan tentador, y sin embargo lucho, peleo contra ese gran tigre que intenta apoderarse de mi, que me aprisiona en mi misma, porque así, desde pequeña aprendí a pelear, a defenderme, y no permitiré que esta afección me arrebate el único goce que me queda. 

Afuera el color anuncia la tormenta, aquí adentro llueve desde enero...

Entrega 3.

domingo, 21 de julio de 2019

Bitacaora de una enfermadad 2


Y después del alta viene la recaída, está aquí el llanto burlándose de mi, las pérfidas lágrimas no dejan de brotar y la fragilidad del alma se siente crecer, el corazón comienza a achicarse.

No entiendo que pasa, que ficha del dominó cayó, todo es confuso y eso hace que esta experiencia sea aún más abrumadora, todo iba bien, no hay un recuerdo o una acción que me haya hecho perder el equilibrio de esta cuerda floja, de este vaivén de la maldita dualidad. Sólo puedo reconocer el cansancio, la pesadez, el sin sentido, y entonces mi boca emite un simple “Ya no más”

Jamás pensé llegar a un punto tan drástico, tan hundido, y después levantarme y sentir que poco a poco vuelvo a caer en él, y lo siento, siento la caída, se siente en cámara lenta que voy de espalda contemplando todo a mi alrededor, como mi cabello flota y se enmaraña, voy cayendo al pozo, como Alicia. ¿Existe alguna poción? ¿tal vez una solución permanente?

Voy cayendo, debería saber que hacer, y lo único que me rescata esta mañana del filo es escribir, cuál si estuviera charlando, catarsis diría Sócrates.
No sé que pedazo de pizza del elefante gigante estoy contemplando, pero algo hay que me abruma, ojalá pudiera saberlo.  

domingo, 21 de abril de 2019

Bitácora de una Enfermedad. 1

Volví...
Volví porque algo fuerte pasa, el  fango me está atrapando y ha apresado mis piernas, comenzó a detenerme hace un poco más de un año y pensé que sólo había apresado a mi memoria, a estas benditas ganas de escribir y la verdad es que no, porque aumentó y aprisionó mi cuerpo y ahora inmoviliza cada parte de él, mis movimientos son torpes o nulos, la depresión nació, la hija perra nació desde mis entrañas y se alojó aquí, entre ceja y ceja, apartamento que es mi 8-C, mi hogar, esta perra enfermedad se instaló en mi mente y ahora no le veo fin.

El prozac se ha vuelto parte de mi vida y en medida se ha convertido en mi mejor aliado, pero no quiero que esto sea así, por ello, he decidido  escribir, como sea, de cualquier forma, a manera de escapa, sin reglas ni prosa, sin todo eso a lo que esta extrajera estaba acostumbrada a escribir en este blog, así que cada que sienta esa maldita necesidad de escapar de esta jodida realidad estaré aquí, en mi hogar.

Entrega 1

martes, 16 de octubre de 2018

Aún me falta mucho por aprender.

Hace algunos días me dijiste, "Los malos siempre se llevan las mejores dedicatorias, los mejores textos", y tal vez tengas razón, pero hoy quiero escribirte a ti, el bueno, el héroe, el gentil, el detallista. 

Hoy no le voy a escribir a un dolor, a un recuerdo, esta noche voy a escribir de amor, de lealtad, de un "él ama a ella, ella ama a él". 
 Hoy te voy a escribir a ti que me conoces, porque tienes razón, en mi vida los malos se han llevado buenas historias, pero la vida es ese cambio constante, ese fluir como en el río de Heráclito,  hay que cerrar el libro y comenzar uno nuevo, quiero que sepas que tú serás mi libro favorito de ahora en adelante, tú siempre estarás como prioridad en mi librero. 

Empezaré con decirte que tienes razón, aún me falta mucho por aprender. Entre tanto, tengo que aprender a despojarme de un poquito de mi para poder entregártelo a ti. No es sacrifico ni es pertenencia, se trata de compartir. 

Sí, tienes razón, aún me falta mucho por aprender y es algo  que, que créeme, lo tengo en consideración, porque si hay algo que me planteado desde pequeña es que mi camino no será una recta corta y sin escombros, no, mi camino es largo, con curvas, pendientes y, de cuando en cuando, piedras que me serán difíciles de escalar, brincar y pasar, pero no imposibles 

Quizás esta sea la única idea y planteamiento de futuro que tengo, sí, quizá no tenga claro al 100% que es lo que quiero de mi vida, o tal vez sí, tal vez lo tenga a mi manera peculiar de ver las cosas, de exigirme. Quizá también a ti te haga falta un poco de aprendizaje y entender que no todos vamos a ser iguales. 

Aún me falta mucho por aprender y el camino no será sencillo, aún me falta mucho por lograr, por disfrutar en el trayecto. Hoy te escribo a ti para decirte que tienes razón, que aún me falta mucho por conocer, por vivir y por olvidar metas añejadas. 
Hoy, dejo ir esa meta, ese sueño de un departamento bohemio con cuadros en el suelo, decorado con carteles de Mucha y Touluse Lautrec, un departamento de soltera, hoy renuncio a él porque hoy he decidido que prefiero mil veces tener todas las noches tus abrazas al dormir.

Hace algún tiempo escribí:

"Aún me falta preparar un omelette con espárragos en casa ajena.
Estos días me han servido para dos cosas: la primera, para darme cuenta que aún soy joven, y la segunda, que no soy lo suficientemente joven como para desperdiciar mi tiempo.
Ya fui revolucionaría y mientras lo hacía viaje, fume tabaco en hoja de maíz (manjar de dioses). He estado bajo la lluvia en las calles del Distrito Federal, mientras admiraba la belleza del Bellas Artes.
He conocido lo mucho que duele amar a quién no te respeta, y he sentido dolor al no poder amar a quién te ama con fervor.
Fui valiente y deje malas costumbres, también he cambiado en demasiado y aunque la niña anarquista que en algún punto vivió en mi ya es un soplo al viento, no me arrepiento de nada, porque ya viví, ya lo hice, ya no me falta.

El asunto es que aún soy joven, a pesar de esa vivencias, pero no soy tan joven como cuando llevaba piercing en el cuerpo.
Soy mayor y me agrada serlo, no me da miedo ser la mujer que hoy soy, pero a pesar de ello, aún me faltan muchas cosas por hacer, mucho por conocer, amar bien. Aún me falta aceptar algunos errores y que me deje llevar por los sentimientos. Aún me falta preparar el desayuno mientras me preparan un café."


Tienes razón, aún me faltan muchas cosas por hacer, pero lo importarte, es que me preparaste café cuando yo preparaba el desayuno, que he preparado omelette con espárragos en casa ajena, que he me dejado llevar por los sentimientos. 
Es por ello que hoy mi narración es para decirte que  cosas nuevas vienen, que el mejor aprendizaje será de tu lado. Que tú me inspiras a conocer más.

jueves, 22 de marzo de 2018

Sólo necesito despegar.

Lo siento venir, el caos se avecina y no puedo hacer nada.

No puedo vaciar mis entrañas, lo siento nacer desde mi estómago. Ya sé el proceso, se alojará en mi pecho, dolerá como el cáncer, como esa jodida metástasis que mató a aquel arquitecto, dolerá. Después, se incrustará en la garganta con la intención de querer salir desbordado todo el veneno para alejar a todos. Ya sé el final...la soledad.

La tormenta se acerca y sólo pienso en sus brazos, sus malditas extremidades rodeando mi cadera, estrechando mi cuerpo. Lo deseo.
¿Han pensando que sería mejor no despertar trás la anestesia? Tal vez por eso no fui la indicada, nunca lo seré. 

El demonio de la devastación está aquí, sé que llegó más fuerte que nunca, poderoso, implacable. Olfateó las primeras gotas de agua semi salada, la fragilidad de la desconfianza. Esta aquí y la batalla no será agradable, habrá sangre, dolor y  cansancio. No viene solo, el recuerdo es su cómplice, quién carga el arma más mortal, llega con sus ojos verdes.

Sé que está aquí, lo puedo sentir, pero sobre todo, lo que más me aterra es poder verlo frente al espejo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Pasarán tres meses, pasará el otoño. Pasaremos.

Ya llevo tres tazas de café, le puse play a la música que me hace deslizar los dedos por el teclado y he decidio escribirte una carta. 

¿El motivo? Porque la vida son dos días, porque el sol que se filtra por la venta está bellísimo y llena de calor la oficina, porque el sol me renovó, pero sobre todo,  porque a pesar de todo extrañaré lo nuestro. 

Me dijeron que las cartas logran liberar un pedacito de alma y por eso estoy aquí, intentando liberar aquellos demonios que me hicieron soñar, creer en un futuro. No me voy, no te dejo, pero sé que me harás falta, porque somos dos plumas al viento que llevan coordenadas diferentes, somos esas líneas paralelas que duelen.

Un sorbo más al café y mis labios se siente calientes, y en un deseo desesperado buscan la complicidad de los tuyos, pero todo esfuerzo es en vano, porque formamos un iceberg, porque nos prohibimos, porque nunca nos prometimos nada, es cierto, porque me soltaste. 

Pasarán tres meses, pasará el otoño, pasará lo nuestro. Pasaremos. 

Nos debemos la playa, nos debemos el festival, dejaremos que los obsequios de navidad lleguen por estafeta, o no, tal vez sea mejor que lleguen de mano a mano, con un abrazo y un "lo siento, te quiero",  porque esta complicidad que va más allá de las sábanas, la sala y cada rincón seguirá allí, porque los atardeceres desde tu ventana serán siempre mi más grande fascinación. 

Dejemos que pase la tormenta, mi tormenta, que se vayan las dudas y entonces, así como la última gota de café en el fondo de la taza, así quedemos, libres de saturación emocional, libres de poder amar más allá de los dos.

domingo, 18 de junio de 2017

Ambos perdimos.

No me enteré hasta esta mañana en la que desperté deseando tu perfume, ambos perdimos y es cruel revelar la verdad.

Te perdí y me perdí. Te perdiste y me perdiste. Hoy nos perdimos.

Me encontré soñándote, intentando recordar como se ve  tu cabello castaño al aire y tus piernas desnudas cuando usas vestidos.
Tal vez fueron las flores que nunca te envié y que siempre deseaste recibir en la oficina. Tal vez fueron tus atenciones hacia mi, quizá la cobardía de los dos,  el caso es que perdimos.

Nunca te dije cuánto deseaba besar tus labios cada anochecer, nunca te dije lo importante que eres para mi, quizá los pequeños detalles me parecían justos, ahora me doy cuenta de que no fue así.
Te perdí, me perdí.

El aire se cuela por la ventana y me percato de que tú ya estás infiltrada en mi corazón, abriste una puerta que creía cerrada, imposible.
Creo que esa es la razón por la que me aterra tenerte siempre tan contigua, por la que prefiero fugarme, desaparecer ocasionalmente de nuestro radar.

Eres bella y yo nunca te lo dije, es mi error y lo reconozco. Eres aire, tan volátil, y apenas me doy cuenta de que unas palabras mías te hubieran hecho pesada y de esa forma te hubieses podido quedar a mi lado. Fallé.

Ambos perdimos. Te dejé ir por miedo. Me dejaste ir por miedo. Nos dejamos ir.

Hoy te perdí y no sé si pueda hacer algo por recuperarte, para que te quedes adherida a mi corazón. Tan mía, tan tuyo, porque te amo.
Ambos perdimos, yo te perdí, yo te alejé, perdón.

viernes, 9 de junio de 2017

Líneas paralelas.

Que te enamore no quiere decir que te apasione.
El hecho de que algo lograra entrar en tu sistema y te haga sentir feliz, no significa que es algo que te mueva, que te haga vibrar.

Somos tan prácticos que a veces eso nos aleja de nuestro sueño.
Trazamos caminos que nos mantienen como líneas paralelas, a veces tan contiguas y a veces tan remotas de nuestro sueño,  pero siempre imposibles de chocar, quimérica esa pasión, ese latido que de a poco a poco se debilita y que a cada pausa marchita nuestro corazón. 

Nublados están aquellos anhelos,  aquella tinta seca y esas hojas arrugadas gritan desesperadas por revivirme, pero ya hace tiempo que cedí,  que dejé de luchar, me rendí.  No hay esperanza. 

Que te enamore no quiere decir que te apasione.
Qué lejos estamos ya de cumplir utopías adolescentes,  y confuso es ver que  dejé de ser esa, la Ana irreverente.
Una mañana  me construí un barco de papel y simplemente me dejé llevar por nuevos amores, dejando en el puerto los diarios, los bolígrafos, las palabras.

De pequeña nunca me enseñaron a luchar por las pasiones, y no los culpo, porque eso no se enseña, sino se aprende en el camino, cruzando pantanos, atravesando sendas escabrosas,  sangrando.  Escribir es igual, por algo el papel corta, y duele aceptar que mis manos intactas están.

Las pasiones renuevan, embriagan, magnifican, y hoy estoy tan sola, tan endeble,  tan insignificante.

Es mejor  decir adiós, tomar el último aliento y dar gracias por el medio decalustro.

Ser etérea,  pasajera, pero lo que enamora no apasiona,  cierto, pero lo que apasiona, por más apartado que esté, por más imposible que sea, nunca, en verdad nunca, deja de hacerte existir

lunes, 10 de abril de 2017

De los hubiera no se vive y de los recuerdos se aprende.

Cuántas veces no escuchamos a nuestras madres, abuelas, padres y abuelos decirnos una y otra vez aquel viejo dicho "El hubiera no existe" ante nuestra desesperación de haber querido cambiar el tiempo, el rumbo de las cosas para que las decisiones pasadas no atenueran nuestro presente. 

No hay manera de saber que nos depara el futuro, sólo podemos generar expectativas acorde a nuestra decisión presente, porque lo cierto es que nunca sabremos si hemos tomado la mejor alternativa, porque si nos va mal tenemos que aguantar estóicamente habernos inclinado de ese lado de la balanza, y si nos va bien, tenemos que quedarnos así, sin generar esa pregunta que nos arroja a la ansiedad, aquella que dicta así: ¿y si con la otra opción me hubiera ido  mejor?.

Y es cierto, de los hubiera no se saca nada, nada bueno, porque aún no transgredimos la barrera de lo espacio-temporal para poder realizar viajes en el tiempo y cambiar el curso de las cosas. Desear eso, hoy día, nos deja un hueco en el estómago y un sin fin de preguntas que no tendrán una respuesta válida, porque de supuestos no se engendra una realidad, sino mera ficción.

Podemos, eso sí, rememorar el pasado con la nostalgia a flor de piel, porque de vivencias, esas experiencias hechas recuerdo que nos han transformado, nos han ido tejiendo para ser la persona que hoy somos, de esas, sí estamos hechos.  

El domingo viví ambas cosas, la bella nostalgia y la terrible pregunta del si hubiera, y entendí que mezclar ambas es una bomba, y exploté en mil pedacitos que intentan ser armados esta noche. 

Hay exposiciones de arte que tocan todo fibra de tu ser, y éste domingo disfruté una de esas. Recordé aquellos años de adolescencia, de lucha contra el sistema, de punk, anarquía y mucha, mucha cerveza fría. De cabellos de pico, de tinta filosa que intentaba cambiar el mundo. Leía una frase: "Nos hicimos sordos, no fuimos héroes.", y recordé aquel desgarrador libro de Robert Linhart que habla del Mayo Francés del 68, de cómo de a poco la lucha cesó y no hubo más -entendí que no me convertí en ese héroe que deseaba ser-.

Todos esos recuerdos quedan en lo que fui y lo que soy, me tocaron, y entonces me vi, una mujer adulta empezando nuevamente.
No es fácil estar desfasado, y entonces, sentada afuera del recinto, me llovió un sin fin de "¿y si hubiera?"...¿y si hubiera seguido otro camino?, ¿y si no hubiera elegido filosofía?, ¿y si hubiera pensando en un futuro monetario?, ¿y si no hubiera sido punk?, ¿y si me hubiera enamorado, casado y hoy formado una familia?, ¿y si hubiera seguido por el camino de la anarquía?, ¿y si hubiera seguido en filosofía?, ¿y si hubiera...?, ¿y si hubiera...?, ¿¡y si hubiera!?
Y no encontré respuesta, sólo explosioné. 

Tanto darle vueltas al asunto me hizo verlo desde otro enfoque. Me di cuenta que mis hubiera estaban fuertemente arraigados al inventario social, a esa línea del tiempo que nos marcan desde que salimos del vientre. Tenemos un plan diseñado que tiene que seguir un curso determinado, y no esta mal diseñar, el problema es cuando lo vemos como una ley inamovible, que si no sigues ese plan las decisiones nunca serán correctas.

Estamos a veces intentado cumplir con expectativas, pero el obstáculo, el verdadero obstáculo es cuando estamos intentado cumplir las expectativas que nos ha generado la sociedad, el otro.
Y no es fácil lidiar con eso, sentir el rezago, no ir a la par de tu generación, a veces duele.

Pero bueno, al final sólo nos queda seguir, porque no estamos aquí para cumplir con ideales y los mismos tiempos, cuesta entenderlo, pero cada quién lleva su ritmo.
Me tardé en entenderlo, pero escarbar en el pasado, esa añoranza de los años de punk, hoy me deja un nuevo aprendizaje: voy caminando a mi ritmo, a mi manera, pero eso sí, con las botas bien puestas.

martes, 17 de enero de 2017

Aquí seguimos.

Quiero pedirte una disculpa, lamento en verdad haberte abandonado por tanto tiempo, pero es que necesitaba volver a mis raíces, de dónde nació esta idea, de dónde surgió extranjera. 

Pasé meses escribiendo a la luz del foco de mi habitación, en las noches de cansancio y con los ojos amorataditos por las marcas heredadas, esas ojeras profundas que alguien alguna vez me dijo le fascinaban. Escribía a papel y tinta, en mi vieja libreta de portada color azul turquesa, y como nuevo hábito, también bañé las páginas de una vieja moleskine que me sirvió de agenda. 

Allí quedó plasmado casi todo mi año 2016, los besos, los recuerdos, pieles que intento olvidar, porque el pasado debe quedar allí. En esas páginas quedaron las noches con mis amigos, las comidas con la familia, los viajes fugaces y los nuevos aprendizajes, mi crecimiento. Experimenté tanto en aquel año que hoy sólo me queda esperar grandes cosas en mi porvenir. 


Perdón, nuevamente por esta distancia que vivimos tú y yo, pero es que hay que veces que se necesita un respiro para poder retomar lo que uno ama en verdad; y no, no dejé nunca de escribir, sólo dejé de publicar. No he dejado de soñar con alguna vez ser más que una escritora amateur, una bloggera de poca monta que intenta penetrar en las vidas de los demás, tal vez, como lo hizo la chica de los converse, ser más que un personaje solitario. 

Me gusta tu compañía, tus buenos recuerdos y que me alientes a no parar, a no dejar éste espacio que nació de la necesidad de poder comunicar mis sentimientos, mis virtudes, mis defectos, mis deseos, pero sobre todo, que se engendró para poder resolver mis conflictos, hacer catarsis, sí, esa catarsis aristotélica tan profunda y desesperada, pero tan necesaria en el ser humano, en el artista, en el escritor frustrado.

Y aquí estoy, nuevamente, con un año nuevo que me sonríe, lleno de crecimientos, de aprendizajes, porque hace no mucho emprendí un camino nuevo, y aunque empiezo apenas a tomar el ritmo de esta carretera, el peaje ya está pagado y es momento de tomar las riendas de mi vida. 

Gracias blog, por haberme esperado, por todos estos años con tu compañía, por esperar a que alguna vez regresara Extranjera en el 8-C. Aún nos queda tanto por escribir, por compartir.

Gracias lector anónimo. 

Sobre todo gracias totales a TI,  porque me enseñaste con tu ejemplo a luchar por los sueños, a realizar metas y proyectos, así que gracias por ser un faro en mi camino.

lunes, 31 de octubre de 2016

La cereza

Estaba allí, en medio de la tarta, una sencilla cereza, roja, en silencio, quieta como un amante esperando la embestida final. 
La veía y era como si aquel pequeño fruto rojo bañado en almíbar me invitara a comerla, me incitaba a tomarla por el pequeño rabo entintado ya por la conserva. 

El éxtasis invadía más y más mi cuerpo, era una sensación triste y alegre, punzante. Pero algo me detenía a ir por ella, a comer aquel manjar que seguramente fue el primer fruto prohibido, y no la manzana como nos cuenta la religión. Seguro fue este pequeño y suculento manjar el que nos arrojó del paraíso a esta mundo en decadencia. 

Estaba tan pequeño que no podía entender como es que acaparaba mi atención, el final estaba cerca, nadie más veía con tanta excitación aquel pequeño mundo, aquel sol de la tarta en donde giraban al rededor las demás frutas. 

La fascinación me bañaba, y entonces apareciste tú, con esa sonrisa inocente y sensual, con la intención misma de robarme aquel fruto sexual. Llegaste y con la decisión que no podría haber previsto acercaste tu brazo a aquella tarta, tus movimientos lentes se iban directo a mis pupilas y de ellas a mi estómago, donde dicen reinan las emociones. Sentía nacer una excitación aún mayor, sentía que algo dentro de mi estallaría si no hacía  mía aquella cereza, si no lograba detener tu misión, pero por un fragmento de segundo tus movimientos pasaron a ser rápidos y entonces la cogiste, sujetaste el rabillo ejerciendo presión entre tu dedo medio y el pulgar, el rabo de aquella galaxia rojiza moría entre la fuerza delicada de aquellos dedos. Entonces me viste.

Notaste como mis ojos estaban clavados ante esa escena microscópica, en aquel cuadro en el que una batalla sorda se llevaba  acabo entre la cereza y tus dedos, me viste anonada y podría jurar que la excitación, que  para ese entonces recorría mi cuerpo entero, emanaba de mis ojos cuál fuego. Tal vez fueron aquellas mejillas mías que se tornaban del mismo rojo intenso de aquella cereza las que hicieron animarte a hacerme la invitación, esa invitación que me excitaba aún más, haciendo descender los mares de mis entrañas, mojando el cachetero que aquella tarde de sábado había elegido utilizar. 

Me miraste directo a los ojos para romper mi embeleso hacia el fruto en almíbar. Me sonreíste con la intención inocente y sexual que un hombre como tú podría emitir, entre tímida e incitante, a medio diente pelón y con labios que morían en una comisura casi perfecta; me invitaste con un ven, que sólo pude leer en tus labios una vez muerta tu sonrisa. No había ruido, pues la pasión había enmudecido todo al rededor, para poder acrecentar mis latidos, el único sonido que importaba, el de la pasión, el de la excitación.

Acepté tu invitación y me acerqué, sin pensar ni un instante, como robot prediseñado a cumplir las ordenes de sonrisas como las tuyas, y allí estaba, apartándome de la tarta para chocar casi frente a tu pecho, para verte con esa mirada de hombre feroz. Me tomaste de la mano y me apartaste de la fiesta, me llevaste a un salón lejano, lejos del bullicio que sólo tú podías escuchar, puesto que apenas estabas siendo víctima de la excitación que a mi hacía ya minutos atrás me había aprisionado.

Cuando llegamos a la pieza, elevaste tu mano y allí estaba mi manjar deseado, la cereza, inerte entre tus dedos medio y pulgar, más bajos que los otros tres restantes; la elevaste aún más, más allá de mi boca, exhortándome a doblar la cabeza para atrás, dejando vulnerable mi cuello blanco y decorado por un par de lunares. 

La excitación volvió a bajar mis mares internos y una nueva ola salía mojando aún más mi prenda íntima. Bajaste de a poco la mano, tan lento para hacer crecer aún más mi deseo por aquella cereza culpable de este nuevo juego siniestro que apenas empezaba entre ambos, entonces la sentí en mi lengua, el pequeño fruto rojo medio húmedo por el almíbar tocaba sutilmente mi lengua, encendiendo mis papilas gustativas y un poco más. Cerré la boca para romper aquella delicia de su tronco, mientras tú tomabas con una mano mi glúteo, apretando y arrojándome a tus brazos.

Quitaste tu mano de la altura y mientras sentía la pequeña fruta roja morir entre mis dientes, besaste mi cuello, uniendo con tus labios los lunares pequeños que allí viven, sin soltar mis nalgas, sin apartarme de tu pecho encendido. 

La cereza bajo por mi garganta, y al sentir aquel moviente, con la experiencia que pensé no tendrías, dejaste caer el rabo de la cereza en el piso de aquel salón que era testigo del encuentro, y con esa misma mano tomaste mi cabeza y sin más, clavaste tu lengua en mi boca, tus labios expertos encendieron lo que aquella cereza había comenzado. 

Sentía crecer algo más que la propia excitación. Sentía cómo mis labios eran para ti lo que aquella cereza lo fue para mi. 
Mi  roja y palpitante legua estimulaban tu deseo como aquella fruta roja había hecho conmigo.
La excitación no paró, no cedió, y entonces tocaron a la puerta y nos movimos al armario, y entonces nadie entra, pero nadie sale del armario. 

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.