jueves, 20 de enero de 2011

Siendo honestos...

"Para mi

los goces del espíritu

consisten en un libro,

en una hoja, en una página"


Fausto; Goethe

miércoles, 19 de enero de 2011

sin nombre, sin fechas...

Había estado perdiendo mi tiempo, películas, televisión… en fin, nada productivo, dejé un par de libros empezados, una que otra historia sin final, olvidé cual era el significado de “pensar” y me volví un zombi, un “zombi vs plantas”, pero yo le ganaba a las plantas… me sentía completamente rutinaria, del mismo lado al otro, haciendo las mismas cosas sin sentido, hacer por hacer, ir por ir, como un pequeño robot mal fabricado, sin patente y sin dueño, diseñado para sólo una cosa: ser uno más, sin razón y sin motivos, sin cosas por las cuales levantarse, un ser cotidiano que se resigna a lo único que cree posible, eso que te marcan como “lo correcto, lo debido y lo alcanzable”, sin sueños, sin esperanzas…sin futuro. Estaba hinchando mi pereza, pero comenzó a molestarme sentirme tan mundana y depresiva, así que tomé uno de esos libros empezados y me decidí a terminarlo; al cerrar el libro, una vez acabada la última página de aquella obra, sentí que me estaba recuperando, que me estaba volviendo de nuevo YO, y fue cuando me percate de que todo este tiempo no fue tan desperdiciado, porque una vez ensamblado el rompecabezas de mis reflexiones me di cuenta de que por primera vez en mucho tiempo me había permitido algo que había decido censurar, algo que había dejado de lado, llenando mi tiempo con lecturas, con clases, con escritos, con caminatas o pensamientos, había llenado mi tiempo de tanto sentido que olvide que puedo sentir, querer, desear, amar, porque quizá todo ese “reflexionar” sobre cada cosa era una arma de defensa contra lo que creía no podía sentir, o mas bien no quería, por cobardía…por no sufrir. Pero en este lapso que deje mi vida sin “sentido” simplemente no pude llenar ese hueco, torearlo y hacerle como que estuviese lleno, y solo comenzó a buscar que lo albergara…y lo encontró; se topó con algo que lo hiciera sentirse vivo…me hiciera sentir humana, sentir…me enamoré; no de la manera de los cuentos de hadas, ni de novelas o culebrones, donde al final al amor triunfa y son felices por siempre, quizá no me enamoré correctamente, de la persona debida o en el momento preciso, al final sólo yo me enamoré, pero entendí que no por eso debo dejar fuera de mi vida esas cosas que nos recuerdan que somos seres libres, capaces de querer, odiar, amar, desear, extrañar a quienes queramos, sin reglas, sin manuales, sin prejuicios y sin dejar de ser uno mismo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Cómo olvidar...

Era Otoño, Octubre para ser precisa. Hacía un poco de aire y este traía consigo la melancolía, los recuerdos, el calor… a ti.Baje la mano por el cuello, sentí mi calor, sentí como mi mano comenzaba a rozar mi piel… te imagine; imagine como aquel olor peculiar se mezclaba con los aromas de mi alcoba. Me solté el sujetador, sentí como bajaba lentamente por el pequeño espacio que había entre mis senos y la blusa, como se deslizaba lentamente, buscando salida, tocando mi piel, mi abdomen… caricias.Recordé tus manos, tu piel, tu voz… el calor. Las pequeñas gotas de sudor hacían pegar mi blusa en mi cuerpo, el aire la movía un poco, me tocaba, me sentía, te imaginaba… deseaba.La noche se estaba convirtiendo en mi cómplice; la oscuridad y los pequeños destellos de las estrellas dibujaban mi silueta en la pared, parecía como una proyección de una película vieja… era yo, eras tú, éramos.Baje mi mano hasta mis pechos: la respiración agitada los hacía moverse, los quise frenar con mi mano, mis dedos… el roce. Nuevamente te imagine, imagine tu respiración cerca, muy cerca de mi cuello, bajando por mi espalada, llegando a mi cadera… frenesí.El calor de mi cuerpo aumentaba, sentía como las gotas de sudor surgían, comenzaban a salir de mi, de lo más profundo de mí… la pasión. Me sofocaba, me sentía prisionera, me despoje de mi ropa… mi desnudes, tu cuerpo, el mío, huellas.

Quería quitarme la piel, despojarme de aquel calor que dominaba mi piel, mi cuerpo, mis deseos; toque mi cuerpo… Ya no era yo, eras tú, tus manos, tus huellas, tú aroma, tu esencia, tus labios, tu cuerpo, tú… Te sentí.

Esa noche nuevamente te sentí.

jueves, 26 de agosto de 2010

Carta a E.

E.


Te necesito, mis manos buscan desesperadas tu cuerpo, están secándose y están agonizando quieren sentir aquel rostro y sin querer veo tu silueta, la contorneo, y busco aquel lunar que tienes en la sien, lo acaricio comprendo que jamás regresaras y eso me atormenta, ¿Por qué te fuiste, por que sin ese adiós? Quiero sentir tu rose, tus manos en mi pecho, tu cabello enmarañado en mis manos, necesito saber que aún tienes ese deseo de hacerlo en la cocina, de probar ese aroma que tanto te fascina, mi aroma en la mesa, estás tan lejos que no resisto la tentación de marcar, pero no me atrevo, no me quitaste toda la inhibición aún me apena llamarte y decirte que me muero por que me hagas tuya una vez más, que tomes mis cuerpo y hagas con el hasta el más oscuro deseo que tengas en mente, que tomes mi cintura y la beses hasta llegar dentro, muy dentro de mi, que tus labios jueguen. Te quiero confesar que me gustaría tenerte aquí frente a mi y besar tu espalda subir y bajar con la lengua, susurrarte en el oído que me hagas tuya (me eh sonrojado pero necesitaba decírtelo) que me tomes por la cadera y me tires a la cama, beses mi entrepierna y sin ningún pudor nos convirtamos en uno, que en cada movimiento te acerques a mi cuello y lo beses, que me hagas sentir que realmente tu también me necesitas, que quieres que yo apague aquel loco deseo que no te deja dormir, no quiero que me digas que me quieres y menos amor, solo…solo quiero que vengas a mi casa, que sin ningún miedo irrumpas en mi baño y te metas a la regadera conmigo, me arrincones a una pared y beses de arriba a bajo, con el agua cayendo sobre nosotros, que busques con tus dedos aquel lugar donde habitan mis deseos, que me hagas sentir una vez más tus labios en mi senos, no te pido que te quedes, solo que me tomes una vez más, que me beses, que me acaricies, que me lamas…te escribo solo con ese motivo, de decirte lo que quiero, necesito, lo que anhelo, solo uso unas cuantas letras para que sepas que no te eh olvidado que aún te deseo, te escribo esta carta con el afán de que jamás la contestes y que sepas que me has quitado la timidez, ahora lo sabes…


Atte.:
La chica que sonríe


Ana Karen Carrillo Rivera.

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.