Unos días atrás me había estado consumiendo las ganas por entrar nuevamente a la escuela, leer con el tiempo encima, hacer ensayos y reportes con los ojos hinchados por la falta de horas en la cama, y litros y litros de café carcomiendo el esmalte dental, deseaba en verdad tener esas horas de clase donde en muchas ocasiones ves al maestro haciendo gala de su arrogancia y prepotencia o en su defecto de su ineptitud y que con el tiempo regresan a su estado natural, a su estado verdadero: el de humanos como tú o como yo. Mis ganas por regresar a esa escuela eran inmensas, porque siendo honestos amo mi licenciatura, amo el conocimiento y en verdad amo esa manera de lo correcto y lo incorrecto en la filosofía, amo sin temor a decirlo la filosofía, sus ramas, me fascina el hecho de aprender de ella cada día al despertar, por las tardes cuando observas a esa gente caminar y por las noches cuando tus pensamientos te arrojan a ese reflexionar y que en sueños se logra entender, sin duda me encanta conocer de occidente, oriente, latinoamerica, porque todos están mal y bien, correctos e incorrectos, llenos de dudas resultas y por resolver, y siempre puedes sacarle jugo sin secar. Pero algo paso en estas vacaciones, algo que me esta ahogando y destrozando por dentro, que no me deja dormir y que cuando duermo mis sueños se tornan pesadillas, algo me ha hecho dudar, toda mi vida eh dudado en un sin fin de cosas, eh dudado esta el porque de caminar, pero jamás me había sentido tan prisionera de mi duda, duda que me llena de tierra y me sepulta con vida, que me quema y no me permite gritar de dolor, de ardor, de frustración, y que inclusive me hace llorar por los rincones, eh llegado al punto de no saber cual es mi rumbo y callar, de no hablarlo con la gente y dejarlo en mi, estoy dudando de mi decisión, de si elegir filosofía fue mi mejor jugada, fue lo que en verdad deseaba, será de lo que podre vivir, comer y tener un techo caliente, estoy dudando de ti bella filosofía y eso me mata, me carcome y me agobia. Dicen que dudar de la carrera universitaria es común, que a todo mundo le pasa, pero me cuesta creer que yo este dudando de lo que amo, porque aunque sea difícil creer amo tanto la filosofía, amo odiar algunos filósofos y algunas tesis de ellos, me enamoran algunas ideas de grandes filósofos, amo de verdad la filosofía, pero ya no se si fue lo mejor, si fue lo indicado o si en realidad es lo mío, si es lo que me pertenece o si es por lo que tengo que seguir luchando. La duda es tal que inclusive ya me he puesto nuevamente a contemplar otros ofertas académicas, desde artísticas hasta ciencias exactas, he leído cada perfil de el ingresante y el egresado de todas las licenciaturas y me cuesta verme en alguna otra, no me engaño hay algunas que me llaman y me interesan pero no puedo cumplir con el perfil del ingresante, es difícil tener todas las habilidades en este mundo y yo apenas tengo como dos que me permiten laborar bien en mi campo de estudio, pero me pregunto ¿No podría sin esas habilidades adentrarme en aquellas carreras? y es cuando la duda comienza y retumba por todos lados y me desgasta. Me he perdido por completo, y eso es de las cosas que más me llenan de tristeza, me enoja saber que dudo de mi misma... de tan importante decisión.
jueves, 3 de febrero de 2011
jueves, 20 de enero de 2011
Siendo honestos...
"Para mi
los goces del espíritu
consisten en un libro,
en una hoja, en una página"
Fausto; Goethe
miércoles, 19 de enero de 2011
sin nombre, sin fechas...
Había estado perdiendo mi tiempo, películas, televisión… en fin, nada productivo, dejé un par de libros empezados, una que otra historia sin final, olvidé cual era el significado de “pensar” y me volví un zombi, un “zombi vs plantas”, pero yo le ganaba a las plantas… me sentía completamente rutinaria, del mismo lado al otro, haciendo las mismas cosas sin sentido, hacer por hacer, ir por ir, como un pequeño robot mal fabricado, sin patente y sin dueño, diseñado para sólo una cosa: ser uno más, sin razón y sin motivos, sin cosas por las cuales levantarse, un ser cotidiano que se resigna a lo único que cree posible, eso que te marcan como “lo correcto, lo debido y lo alcanzable”, sin sueños, sin esperanzas…sin futuro. Estaba hinchando mi pereza, pero comenzó a molestarme sentirme tan mundana y depresiva, así que tomé uno de esos libros empezados y me decidí a terminarlo; al cerrar el libro, una vez acabada la última página de aquella obra, sentí que me estaba recuperando, que me estaba volviendo de nuevo YO, y fue cuando me percate de que todo este tiempo no fue tan desperdiciado, porque una vez ensamblado el rompecabezas de mis reflexiones me di cuenta de que por primera vez en mucho tiempo me había permitido algo que había decido censurar, algo que había dejado de lado, llenando mi tiempo con lecturas, con clases, con escritos, con caminatas o pensamientos, había llenado mi tiempo de tanto sentido que olvide que puedo sentir, querer, desear, amar, porque quizá todo ese “reflexionar” sobre cada cosa era una arma de defensa contra lo que creía no podía sentir, o mas bien no quería, por cobardía…por no sufrir. Pero en este lapso que deje mi vida sin “sentido” simplemente no pude llenar ese hueco, torearlo y hacerle como que estuviese lleno, y solo comenzó a buscar que lo albergara…y lo encontró; se topó con algo que lo hiciera sentirse vivo…me hiciera sentir humana, sentir…me enamoré; no de la manera de los cuentos de hadas, ni de novelas o culebrones, donde al final al amor triunfa y son felices por siempre, quizá no me enamoré correctamente, de la persona debida o en el momento preciso, al final sólo yo me enamoré, pero entendí que no por eso debo dejar fuera de mi vida esas cosas que nos recuerdan que somos seres libres, capaces de querer, odiar, amar, desear, extrañar a quienes queramos, sin reglas, sin manuales, sin prejuicios y sin dejar de ser uno mismo.
jueves, 7 de octubre de 2010
Cómo olvidar...
Era Otoño, Octubre para ser precisa. Hacía un poco de aire y este traía consigo la melancolía, los recuerdos, el calor… a ti.Baje la mano por el cuello, sentí mi calor, sentí como mi mano comenzaba a rozar mi piel… te imagine; imagine como aquel olor peculiar se mezclaba con los aromas de mi alcoba. Me solté el sujetador, sentí como bajaba lentamente por el pequeño espacio que había entre mis senos y la blusa, como se deslizaba lentamente, buscando salida, tocando mi piel, mi abdomen… caricias.Recordé tus manos, tu piel, tu voz… el calor. Las pequeñas gotas de sudor hacían pegar mi blusa en mi cuerpo, el aire la movía un poco, me tocaba, me sentía, te imaginaba… deseaba.La noche se estaba convirtiendo en mi cómplice; la oscuridad y los pequeños destellos de las estrellas dibujaban mi silueta en la pared, parecía como una proyección de una película vieja… era yo, eras tú, éramos.Baje mi mano hasta mis pechos: la respiración agitada los hacía moverse, los quise frenar con mi mano, mis dedos… el roce. Nuevamente te imagine, imagine tu respiración cerca, muy cerca de mi cuello, bajando por mi espalada, llegando a mi cadera… frenesí.El calor de mi cuerpo aumentaba, sentía como las gotas de sudor surgían, comenzaban a salir de mi, de lo más profundo de mí… la pasión. Me sofocaba, me sentía prisionera, me despoje de mi ropa… mi desnudes, tu cuerpo, el mío, huellas.
Quería quitarme la piel, despojarme de aquel calor que dominaba mi piel, mi cuerpo, mis deseos; toque mi cuerpo… Ya no era yo, eras tú, tus manos, tus huellas, tú aroma, tu esencia, tus labios, tu cuerpo, tú… Te sentí.
Esa noche nuevamente te sentí.
Quería quitarme la piel, despojarme de aquel calor que dominaba mi piel, mi cuerpo, mis deseos; toque mi cuerpo… Ya no era yo, eras tú, tus manos, tus huellas, tú aroma, tu esencia, tus labios, tu cuerpo, tú… Te sentí.
Esa noche nuevamente te sentí.
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El grafógrafo [Salvador Elizondo]
"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."
El grafógrafo.
Salvador Elizondo.
El grafógrafo.
Salvador Elizondo.
