jueves, 22 de marzo de 2018

Sólo necesito despegar.

Lo siento venir, el caos se avecina y no puedo hacer nada.

No puedo vaciar mis entrañas, lo siento nacer desde mi estómago. Ya sé el proceso, se alojará en mi pecho, dolerá como el cáncer, como esa jodida metástasis que mató a aquel arquitecto, dolerá. Después, se incrustará en la garganta con la intención de querer salir desbordado todo el veneno para alejar a todos. Ya sé el final...la soledad.

La tormenta se acerca y sólo pienso en sus brazos, sus malditas extremidades rodeando mi cadera, estrechando mi cuerpo. Lo deseo.
¿Han pensando que sería mejor no despertar trás la anestesia? Tal vez por eso no fui la indicada, nunca lo seré. 

El demonio de la devastación está aquí, sé que llegó más fuerte que nunca, poderoso, implacable. Olfateó las primeras gotas de agua semi salada, la fragilidad de la desconfianza. Esta aquí y la batalla no será agradable, habrá sangre, dolor y  cansancio. No viene solo, el recuerdo es su cómplice, quién carga el arma más mortal, llega con sus ojos verdes.

Sé que está aquí, lo puedo sentir, pero sobre todo, lo que más me aterra es poder verlo frente al espejo.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Pasarán tres meses, pasará el otoño. Pasaremos.

Ya llevo tres tazas de café, le puse play a la música que me hace deslizar los dedos por el teclado y he decidio escribirte una carta. 

¿El motivo? Porque la vida son dos días, porque el sol que se filtra por la venta está bellísimo y llena de calor la oficina, porque el sol me renovó, pero sobre todo,  porque a pesar de todo extrañaré lo nuestro. 

Me dijeron que las cartas logran liberar un pedacito de alma y por eso estoy aquí, intentando liberar aquellos demonios que me hicieron soñar, creer en un futuro. No me voy, no te dejo, pero sé que me harás falta, porque somos dos plumas al viento que llevan coordenadas diferentes, somos esas líneas paralelas que duelen.

Un sorbo más al café y mis labios se siente calientes, y en un deseo desesperado buscan la complicidad de los tuyos, pero todo esfuerzo es en vano, porque formamos un iceberg, porque nos prohibimos, porque nunca nos prometimos nada, es cierto, porque me soltaste. 

Pasarán tres meses, pasará el otoño, pasará lo nuestro. Pasaremos. 

Nos debemos la playa, nos debemos el festival, dejaremos que los obsequios de navidad lleguen por estafeta, o no, tal vez sea mejor que lleguen de mano a mano, con un abrazo y un "lo siento, te quiero",  porque esta complicidad que va más allá de las sábanas, la sala y cada rincón seguirá allí, porque los atardeceres desde tu ventana serán siempre mi más grande fascinación. 

Dejemos que pase la tormenta, mi tormenta, que se vayan las dudas y entonces, así como la última gota de café en el fondo de la taza, así quedemos, libres de saturación emocional, libres de poder amar más allá de los dos.

domingo, 18 de junio de 2017

Ambos perdimos.

No me enteré hasta esta mañana en la que desperté deseando tu perfume, ambos perdimos y es cruel revelar la verdad.

Te perdí y me perdí. Te perdiste y me perdiste. Hoy nos perdimos.

Me encontré soñándote, intentando recordar como se ve  tu cabello castaño al aire y tus piernas desnudas cuando usas vestidos.
Tal vez fueron las flores que nunca te envié y que siempre deseaste recibir en la oficina. Tal vez fueron tus atenciones hacia mi, quizá la cobardía de los dos,  el caso es que perdimos.

Nunca te dije cuánto deseaba besar tus labios cada anochecer, nunca te dije lo importante que eres para mi, quizá los pequeños detalles me parecían justos, ahora me doy cuenta de que no fue así.
Te perdí, me perdí.

El aire se cuela por la ventana y me percato de que tú ya estás infiltrada en mi corazón, abriste una puerta que creía cerrada, imposible.
Creo que esa es la razón por la que me aterra tenerte siempre tan contigua, por la que prefiero fugarme, desaparecer ocasionalmente de nuestro radar.

Eres bella y yo nunca te lo dije, es mi error y lo reconozco. Eres aire, tan volátil, y apenas me doy cuenta de que unas palabras mías te hubieran hecho pesada y de esa forma te hubieses podido quedar a mi lado. Fallé.

Ambos perdimos. Te dejé ir por miedo. Me dejaste ir por miedo. Nos dejamos ir.

Hoy te perdí y no sé si pueda hacer algo por recuperarte, para que te quedes adherida a mi corazón. Tan mía, tan tuyo, porque te amo.
Ambos perdimos, yo te perdí, yo te alejé, perdón.

viernes, 9 de junio de 2017

Líneas paralelas.

Que te enamore no quiere decir que te apasione.
El hecho de que algo lograra entrar en tu sistema y te haga sentir feliz, no significa que es algo que te mueva, que te haga vibrar.

Somos tan prácticos que a veces eso nos aleja de nuestro sueño.
Trazamos caminos que nos mantienen como líneas paralelas, a veces tan contiguas y a veces tan remotas de nuestro sueño,  pero siempre imposibles de chocar, quimérica esa pasión, ese latido que de a poco a poco se debilita y que a cada pausa marchita nuestro corazón. 

Nublados están aquellos anhelos,  aquella tinta seca y esas hojas arrugadas gritan desesperadas por revivirme, pero ya hace tiempo que cedí,  que dejé de luchar, me rendí.  No hay esperanza. 

Que te enamore no quiere decir que te apasione.
Qué lejos estamos ya de cumplir utopías adolescentes,  y confuso es ver que  dejé de ser esa, la Ana irreverente.
Una mañana  me construí un barco de papel y simplemente me dejé llevar por nuevos amores, dejando en el puerto los diarios, los bolígrafos, las palabras.

De pequeña nunca me enseñaron a luchar por las pasiones, y no los culpo, porque eso no se enseña, sino se aprende en el camino, cruzando pantanos, atravesando sendas escabrosas,  sangrando.  Escribir es igual, por algo el papel corta, y duele aceptar que mis manos intactas están.

Las pasiones renuevan, embriagan, magnifican, y hoy estoy tan sola, tan endeble,  tan insignificante.

Es mejor  decir adiós, tomar el último aliento y dar gracias por el medio decalustro.

Ser etérea,  pasajera, pero lo que enamora no apasiona,  cierto, pero lo que apasiona, por más apartado que esté, por más imposible que sea, nunca, en verdad nunca, deja de hacerte existir

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.