miércoles, 6 de agosto de 2014
Cambiar lo del pasado.
Gracias sociedad, porque desde chiquita me acomplejaste con mis muslos llenos y caderas anchas.
Gracias hombres, porque desde adolescente me dijeron que el uso de shorts o faldas 5 dedos arriba de mi rodilla era un insulto a su vista.
Gracias marcas de ropa, porque desde que soy niña me enseñaron que no podría encontrar nada que se ajustara a mis muslos, ya que necesitan ser delgados, como dicta el estereotipo actual de belleza.
Gracias, en fin, por que me acomplejaron con el uso de esas prendas, y por ende, me prohibí el uso de ellas, y entonces escondí mis piernas, se quedaron, así como otras partes íntimas del cuerpo, en la oscuridad de un pantalón que escondieran, al contrario de la pubis o los senos que son bellezas del cuerpo, aquellos "defectos" que la vida me había otorgado.
En tanto, también diré gracias a todo ello, porque entonces fuí débil y cedí ante todo eso, y lloré y sufrí mi propio reproche, me juzgué y me odié, y entonces gracias a todo ello hace dos años llegué a un límite, y en verdad gracias, porque a fuerza de enseñarme a odiar mi cuerpo, así también aprendí a amarlo, a aceptarlo, a entender que mis muslos y mis caderas no son un defecto, son la vida misma.
Y ahora, gracias a mis psicólogos, a mi modista, a mi familia, a un par de amigos, y en fin, gracias a mi misma, porque hoy día me doy la oportunidad de amarme, de dejar de prohibirme el uso de faldas o shorts, de enseñar, le pese a quién le pese, le insulte a quién le insulte, me juzguen o no, o lo odien, mis muslos llenos, porque bueno, al fin y al cabo esa soy yo.
lunes, 2 de junio de 2014
La inseguridad del sexo.
Quiero, y sobre todo, necesito escribir sobre lo que siento al respecto de eso que pasó ayer, de lo que uno decide sin decidir, volcado por la mera necesidad de aprobación, reinada por la desconfianza y la falta de amor propio, ¿cómo lo llaman? inseguridad. Pero el problema radica que no sé como empezar a escribirlo, a deslizar eso que pasa por el teclado de esta computadora, barata y de software pirata, en donde el Word no sirve por la misma razón pasada; es preciso para mi encontrar la palabra exacta, y de ahí, como el agua pasando por el riachuelo de Tapalpa al que tanto me encanta ir, fluir, a la perfección de la imperfección de la narración sincera y propia, de la narración prosaica que hace que procrastine, delegando las demás tareas por hacer, y así, de a poco explicar que más que la propuesta hecha y sellada ayer por la tarde, lo que más necesito es entender y hacer de mi algo nuevo, donde el miedo no me haga parecer segura, donde esa insatisfacción de lo propio, de ese pensar ruin y al parece autodestructivo (que ciertamente lo es) deje de pasar coqueto como una salida fácil y definitiva a lo que me da miedo enfrentar, porque lo que en verdad necesito es comprender que más allá de una vida plagada de inseguridad y de aprobación del sexo opuesto sobre el sexo mismo es abrir un poco más mi perfil romántico, mi necesidad de amor, por el amor mismo, por el amor propio, y entonces decirle a él, que quiero que me bese, me tome de la mano, me haga cosquillas aunque las deteste, me abrace, y no me deje ir, me diga que quiere que sea su amiga y su novia, que le encanto, pero no por abrir las piernas, sino por abrir mi corazón, pero más que nada, por ser quién soy.
(26 de Mayo de 2014, sentada frente a la computadora del trabajo, recordando que en realidad él me gustó mucho)
(26 de Mayo de 2014, sentada frente a la computadora del trabajo, recordando que en realidad él me gustó mucho)
martes, 29 de abril de 2014
Carta a Daniel Carrillo, mi padre.
Daniel, que digo, papá.
Necesitaba escribirte, de alguna u otra forma decir todo de la única forma valiente que tengo, a letras, a palabras, a cartas.
¿Seré cuestionada por escribirte, por apenas afrontar la realidad y hoy, a casi 5 meses de tu fallecimiento dedicarte lo que siempre he sabido hacer, lo que nunca te hice llegar en vida, lo que últimamente me motiva, esto, una carta? Tal vez es más mi forma de liberar algunas cosas, miedos e incertidumbres. Tal vez, sí, esto sea sólo por y para mi. Y es que últimamente has estado tan constante en mi pensamiento, aún no sé porque, creo que por fin entendí que tu partida, en esta ocasión, es eterna.
Nunca supe como comunicarme contigo, como decirte que te amaba a pesar de todo, que no importaba nada, que me hubiese gustado que vieras en mi a esa niña pequeña que necesitaba palabras de aliento, de amor, que me hicieras ver que era bella, gordita, cachetoncita pero bella, esas palabras nadie podrá compensarlas, nadie. No puedo explicar cuanta falta me hicieron al crecer, al mirarme al espejo; siempre pensé que era el patito feo de papá, cuanto daño me hizo esa suposición, tanto que a veces vuelve a mi. No te culpo, no se enseña a ser padre.
Pero antes de seguir, quiero decir que te escribo desde la tranquilidad de mi alma, no con rencores, no por fastidiar a aquella mujer que, nunca lo dudé, amaste mucho, a tu manera y que por ella renunciaste a todo. Lo hago para decirte que soy feliz, a mi manera, pero no como tú siempre lo dijiste: "al final uno siempre se queda solo". Yo aquí estoy feliz, aunque no entiendo porque repetidamente te obstinabas en hacernos ver que la vida te deja solo, porque miro a mi al rededor y yo no estoy sola, tengo a gente que me ama, y esa gente tampoco esta sola, porque por lo menos, y aunque no sea mucho, me tienen a mi, estoy allí para ellos, aunque sea sólo en palabras de aliento, pequeñas acciones, abrazos, besos o en silencios con la mano en el hombro, estamos así, y eso, papá, eso es para mi felicidad, es amor, es saber que no estamos solos del todo.
Soy feliz, aunque este un poco rota, sea un tanto melancólica (pero bueno, la melancolía es mi estado natural, tal vez por eso disfruto tanto el arte de escribir), y hoy, inexplicablemente me siento más feliz, llena de vida, energía y amor propio.
Me levanté de la cama con la firme idea de que nadie me haría sentir mal, ni nada me haría amargar.
Besé y abracé a la mujer más fascinante del mundo, más bella, la mujer que más amo y que nunca dejaré de hacerlo, le dije "Te amo, mamá". Es tan bello ese amor correspondido, es tan hermoso sentir que alguien conozca a la perfección tus virtudes y defectos, y a pesar de todo te ame incondicionalmente, no hay amor como el de una madre, bien lo sabrás tú.
Así como amo a mamá, también amo a sus otros dos hijos, tus otros dos hijos, mis hermanos, que tanto han estado para mi, ayudándome, defendiéndome, armándome, a veces en silencio, a veces en peleas, en múltiples ocasiones en abrazos, y, como el día en que te dejamos en tu hogar eterno, en una conjunción perfecta que nos hizo ser uno mismo, de la forma más triste y hermosa que nos hemos amado.
Padre, ¿sabes? existe una única cosa que podría haberte reprochado, pero por cobardía, por miedo a que dejaras de amarme, que me prohibieras las visitas o simplemente te enojaras, nunca lo hice, y es que, papá, ¿por qué no luchaste por nosotros? ¿por qué si mamá nunca te hizo renunciar a nosotros, si hasta incluso te suplicaba que lucharas por nosotros, por estar para nosotros, tú nunca lo hiciste? Pero no tiene caso volver a preguntarme eso, al final, por mi estólida cortedad nunca sabré la respuesta.
Hoy tengo tanto amor dentro de mi, tanta felicidad, que me acongoja sólo una cosa, la única cosa que hoy me aferra a mi incesante nostalgia, y es que nunca te dije lo mucho que te amaba -amo-, y aún guardo muy bien en la memoria el último día en que te vi, en que te besé y abracé y por estúpida, por miedo, no te dije "te amo, papá, siempre lo he hecho, aunque las palabras no me salgan, aunque no lo diga en cada momento, yo te amo, papi".
Que devastadoras pueden ser las palabras no pronunciadas, por eso hoy necesitaba ese abrazo (que le agradezco sinceramente a quien me lo ha dado), pero más que nada, tal vez por eso hoy este escribiendo esta carta, que aunque tenga destinatario, sé perfectamente, no llegará a su destino, nada podría hacerlo, nada de lo que he dicho podría llegarte a ti, papá.
¿Cuán afligida puede estar una persona que se encuentra sumida en la felicidad espontánea como para escribirle al recuerdo de un fallecido? No sé la respuesta, pero aquí estoy yo, como prueba irrefutable de que es posible.
Te amo, aunque ya no sirva de nada decirlo, te amo.
Con amor, tu pequeña hija, Ana, tu "gordis".
P.D. Aún con tu ausencia en mi vida, a pesar de todo, me enseñaste una de las más grandes lecciones de mi vida: nadie estará tanto para mí, como yo misma.
lunes, 28 de abril de 2014
Abstinencia.
Después de todo siempre fui honesta (siempre lo he sido, y siempre lo seré) y le dije al mundo lo que tú eras -eres- para mi, esa dosis de necesidad inventada, de no tener la razón del porqué mi cuerpo te necesitaba -necesita-, que eras eso que me hacía -hace- temblar con el simple mencionar tu nombre, que me empapa la memoria y algo más el hecho de recordar tu mano en mi mano, tu piel entintada.
No puedo negar que me hace sentir débil y vulnerable el no poder dejar de recordarte, de no poder dejar de sentir que esta puta necesidad me invade cada que intento no pensarte, que me agobia saber que soy una jodida adicta de tus besos, tus manos, tu presencia, tu risa, tus palabras, del lunar de tu mejilla, tus lecturas bizarras y sobre todo de la forma en que me amabas, dañina y sensible, cruel y apasionada, pero al final, era amor.
¿Cómo olvidar todo lo que fue, fuimos? A veces siento que sería más fácil si existiera algo así como el "Alcohólicos Anónimos", "Jugadores Anónimos" o "Glotones Anónimos", un grupo de apoyo para dejar la adicción a las personas, que es tan devastadora y lacerante como cualquier otra adicción, que existieran reuniones donde los demás contaran su historia y el cómo han logrado alejar esa necesidad, y entender que no estoy sola, que allá afuera hay tantos como yo queriendo dejar de lado esta etapa atroz, siendo valientes y enfrentándose a la realidad.
Pero siempre termino con la misma conclusión, dejar esta necesidad injustificada sería aún más sencillo si tú dejaras de coquetear cual muerte en el pabellón de los suicidas, si tú, droga mía, dejaras de insistir y te fueras por completo, para que seas sólo un mero recuerdo que viva ahogado, callado y olvidado, y si en algún momento mi cuerpo o mente te necesite no dispares endorfinas.
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El grafógrafo [Salvador Elizondo]
"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."
El grafógrafo.
Salvador Elizondo.
El grafógrafo.
Salvador Elizondo.

