miércoles, 10 de junio de 2015

A las mujeres también las mandan a la friendzone

Llegó mi mejor amigo hasta la puerta de mi casa con los ojos vidriosos, lágrimas pérfidas y ahogadas intentaban salir y traicionar la postura erguida de quién simula no le pasa nada,  nada lo acongoja, nadie lo ha herido. Con la confianza de quién ha pasado muchos años en esa casa, irrumpió en la sala sin necesidad de un "adelante", me preguntó "¿estás sola?" y con un movimiento de cabeza asentí a aquella cuestión y sin más comenzó a sollozar cual bebé que ha sido arrebatado  de los brazos de su madre.  

Apenas comenzó a llorar y no pude más que abrazar a mi amigo, intentar calmar aquel amontonamiento de sentimientos que él estaba demostrando sin ningún tipo de embarazo, calmarlo para apaciguar aquella situación.  Quedamos prendidos el uno en el otro cerca de 10 minutos sin decir nada,  sólo  allí, nuestros cuerpos entrelazados,  su llanto mojando mi hombro,  ahogando mi alma, porque no podía soportar verlo así,  tan vulnerable,  tan infeliz. Una vez calmado, se alejó de mi cuerpo, se paró y fue a beber agua, lo seguí hasta la cocina y entonces supe que era el momento de preguntarle "¿qué sucede?", él dijo "le he preguntado si alguna vez tendrá el valor de demostrarle al mundo lo que sucede entre nosotros en la intimidad,  si es posible que acepte que lo nuestro es más que amistad,  que todos estos años han sido maravillosos y que lo que somos es más que amigos." 

Quedé anonadada, sabía perfecto de quién me hablaba, me sabía de memoria aquella situación, aquel sentimiento que él sentía por ella, y entendía que ella jamás tendría el valor de demostrarlo, porque la conocía bien, sabía que esa  mujer sólo jugaba con mi mejor amigo, y todos estos años me había temido tener que vivir aquella escena que se estaba suscitando en la comodidad de mi hogar, el hogar de mi mejor amigo. Bebió el agua potable y me dijo, "tenías razón, ella jamás me amó, ella jamás lo hará y nunca se va desprender de la superficialidad que la caracteriza." Lo abracé nuevamente, y no sé porqué, pero le pedí disculpas, en nombre de la humanidad, en nombre de todas las mujeres, le dije "lo siento", porque era horrible haber tenido la razón, hubiera preferido estar en un error. 


La tarde avanzó y con los ruidos de las chicharras la noche anunció su llegada, le dije "quédate esta noche" y él accedió. Los humores se calmaron y una vez sereno comenzó aquel discurso que jamás olvidaré, porque es un discurso gastado, porque es un discurso que todo hombre alega en pláticas de bares, de redes sociales en línea, porque siempre creerán que los hombres son los mártires y las mujeres son las malas, las brujas de los cuentos de hadas, las perras que envían a los hombres a la friendzone, y comenzó:


"Las mujeres van por la vida alegando que nosotros somos los que siempre tenemos la última palabra, las que alegan que siempre hay que ser uno el que se acerque a saludarla, a conquistarla, a dar el primer paso. Van por la vida con aires de belleza y grandeza,  con la intención de verse conquistadas y así cazar a su príncipe azul cuál temporada de patos, pero la verdad es que son ellas las que van por la vida cautivando, intentando atraerte para que te pares y seas tú quién pase la vergüenza del rechazo, y si acaso les inspiras algo, te atrapan como si fueran arañas, tejen una red suave y fina, y sin darte cuenta te tienen en su lista de amiguitos. Intentas conquistar, te desvives, les das amor, regalos, eres eso que siempre dicen querer, el hombre tierno, el hombre que les presta atención, el hombre sensible, y entonces nada, un día te levantas y te das cuenta de que algo esta fallando en esa relación, y es que no existe relación, que no es lo mismo, y por fin tomas el valor y le confiesas tu amor y simplemente te dicen "yo también te quiero, pero sólo como amigos" o peor aún, "te quiero tanto, como a un hermano".Y entonces reaccionas, ¡a la mierda con eso!, ¿hermanos? Yo ya tengo, ¿amigos? los necesarios ya los tengo, ¿qué acaso no era mejor pasar por la vergüenza del rechazo?  Son malas, embusteras, si la vida fuera un  cuento, sin duda ellas serían las brujas."

¿Por qué los hombres se aferran a sentirse las víctimas de las relaciones sociales?, ¿por qué ellos siempre son los afectados en el rechazo?, ¿por qué siempre viven diciendo que son unos machos sin sentimientos y a la primera de cuentas son los primeros en salir a llorar, a hablar mal de quién simplemente los rechazó? 

Nunca me había enojado tanto con mi mejor amigo, no cómo esa noche, porque podía entender que estaba aún cegado por el dolor, que por lo mismo olvidaba que yo era mujer, que tenía vagina en lugar de pene, pero no podía arremeter contra las mujeres de aquella forma por el simple hecho de que una, solamente una de ellas lo había lastimado. Entonces le dije: 


"No te creas la víctima aquí, porque si de la friendzone hablamos, todos somos culpables de ella, porque el juego siempre es de dos, porque uno la crea y el otro la acepta. Y no creas que ustedes siempre serán los frienzonados, porque a nosotras también nos envían allí. 
La zona de la amistad siempre será para todos, hombres y mujeres, pero la pequeña diferencia es que la mayoría de nosotras no andamos por el mundo, por facebook y twitter hablando de que nos mandaron allí, porque muchas de nosotras aceptamos que fue nuestro error, porque aceptamos esos términos, porque no hablamos con la verdad de ante mano. Si te gusta alguien, se lo dices, no estableces una amistad con pretensiones de algo más, las cosas claras, sin mal entendidos, porque entonces serás parte de la friendzone.

No somos las brujas, ustedes no son los villanos, la vida es simple, la vida es hermosa y no vale complicarla con estupideces de "seamos amigos y a ver que dice el tiempo", al toro por los cuernos. ¿Y sabes por qué te digo todo esto con seguridad? Porque yo también he estado allí, porque yo también quise alguna vez a alguien y por temor no se lo dije y entonces la amistad nos atrapó, y cuando me di cuenta ya era demasiado tarde para decirle que lo que quería era un noviazgo y no una amistad como pocas.
Y si ya estás allí, si crees que no funcionará, entonces haz funcionar la amistad, pero aún  así díganse que serán amigos, porque no hay mejor cosa como hablar con la verdad."


Ambos nos quedamos en silencio, esperando que alguno rompiera con aquella atmósfera creada por aquel pequeño debate. La verdad siempre cala, la verdad puede ser un puñal con dirección a la opinión. Entonces lloré, porque era eso o estar callada y sentir que traicioné a mi amigo hablándole del amor y la amistad. 
Él me abrazó, porque se dio cuenta de que en aquella habitación no había un corazón roto, sino dos, que en aquella cama no había dos friendzoneados, sino dos. 
Me abrazó tan  fuerte, porque se dio cuenta de que a las mujeres también las mandan a la friendzone.
Lo abracé tan fuerte, porque entendió que eramos dos almas desquebrajadas. 




"Dedicado a ellos, los que están en la friendzone y culpan a las mujeres.
Dedicado a ellas, las que no saben hablar con la verdad.
Dedicado a mi amiga, porque esta en la friendzone sin miras de salir de ella."

martes, 12 de mayo de 2015

Carta a ella, a la que él ama.

Mujer.

Hoy te escribo porque me es sustancial que sepas un par de cosas que requieres para entender acerca de él y el porqué te ama así. Es primordial que lo sepas para no romperle el corazón.

Si él ha decidido abrazarte y besarte frente a todo mundo, es porque en verdad te ama. No pieneses que es por quiere que el mundo lo vea, no es el plan de él, simplemente es así,  él  no puede evitar ser el centro de atención,  porque sin quererlo siempre irradia una energía que hace que todos volteen a verlo.  Si estás con él y alguien más habla acerca de él,  guarda silencio un rato, mira su rostro y comprenderás que en verdad le apena que hablan mucho de él.  Pero no esta en sus manos. Ambas sabemos que un ser como él nunca pasa desapercibido.  Jamás lo hará.

Llévale un libro, no importa el autor, ni editorial,  ni temática, él recibirá con mucho anhelo aquel obsequio, porque entonces sabrá que pensaste en él y que sabes que la apasionan los libros, y sobre todo sabrá que comprendes que le disfuta de  leer sin haber terminado los otros que tenía en curso. Y no es que sea un hombre desorganizado, no,  es más bien el tipo de hombre que sabe organizar sus ideas y que no le gusta desperdiciar la vida, que necesita tener más  de un libro para sentirse libre.

No te desesperes si él no toma en vasos, es su forma de ser, le gusta sentirse como cuando era aún más joven y pasar el pomo de boca en boca, como si nada importara, cómo cuando era un "niño coas" y la vida era eso que pasaba mientras creía en la resistencia.

Dile que es lindo y que tiene unos ojos cafés perfectos,  porque aunque el mundo crea que él lo sabe, que lo presume en  cada selfie, no es verdad. Él es inseguro y por eso necesita saberlo, más que nada, necesita saberlo de ti, de la mujer que él ama.

Nunca lo abandones cuando te hable de amor, porque es cuando más te necesita. No le aconsejes, es obstinado y al final siempre hará lo que el considere pertinente,  así que no te enojes si decide hacer caso omiso  a tu consejo, sólo apoyalo. Él te lo agradecerá aún más que haberle dado el consejo.

Aunque parezca serio, le gusta bailar, llévalo a bailar, bailen cumbias, salsas, una bachata pegadita, y déjate llevar, deja que él sea el que te pare de la silla y te lleve a la pista, le fascina ese papel de conquistador.

Te reglará flores aunque  a ti casi no te gusten,  porque es un caballero y así lo educaron,  así  que recibelas sin poner objeción,  dale un beso y un gracias sonrojado. Le encanta eso.

Y por último, y lo más importante,  si tú no lo vas a amar, si no vas a compartir tu mundo cómo él lo hará contigo,  entonces vete y no le mientas más.  Aléjate y dile la verdad, porque a pesar de verse tan valiente, tan fuerte, él tiene un gran corazón,  es un corazón muy frágil. Llegar a él es muy difícil y si tú ya lo hiciste,  no lo dañes, porque no se lo merece.
Si él te ama y tú no a él,  no jugues por favor,  porque no soporto ver a mi amigo devastado, con el corazón hecho añicos, porque me duele verlo beber una cerveza con la mirada perdida, porque lo amo tanto que me rompería el corazón verlo triste.


Con la mayor sinceridad,  la amiga que él no ama.

P.D.
Y si lo amas, no lo dejes ir, no tengas miedo, porque él ya te ama, porque merece ser feliz.

miércoles, 29 de abril de 2015

El placer de leer novelas inútiles.

Me pasó algo muy curioso hoy cuando venía al trabajo. 

Todo empezó el martes pasado cuando fui a una cita (fallida por cierto) y entré a Librerías Gandhi. 
Mientras esperaba a mi cita me decidió a bobear un instante entre los estantes de aquel lugar, y encontré un título desconocido, de una autora, para mi, desconocida, y una portada que me embelesó por completo, y con un precio que era de locos dejar en el estante de literatura universal. Así que desde hace una semana quedé atrapada por Anne Tyler. 

Como muchos sabrán, Gandhi te regala unos separadores creativos y chulísimos, y yo conseguí uno que marcaba como "el reto" la lectura, que contiene varias opciones para que leas el libro, entonces como tengo mucha tarea decidí optar por jugar a lo que planteaba el separador, y elegí la casilla "En el metro", evidentemente no puedo leerlo en el metro, soy tapatía y a duras penas hay dos líneas del tren ligero las cuales casi no utilizo, así que en mi versión contextualizada "en el metro" vendría siendo algo así como "en el camión". Allí me tienen, leyendo "El matrimonio amateur" cuando voy en el transporte público. 

Lo que me lleva a lo ocurrido el día de hoy. 
Era la hora pico del tráfico, el camión repleto de gente, en verdad, allí no cabía nadie más, pero mágicamente la gente seguía subiendo. y entonces me hice de un lugar en la parte trasera del bus en el asiento medio de la fila de 5. 
Y como estoy enganchada con el libro de poco más de 400 páginas, sin dudarlo lo saqué y me puse a leerlo. Podría ser una narración cualquiera de un día cualquiera, pero entonces una señora se sentó a mi lado izquierdo, mientras un joven se subía por la parte de atrás del autobús. 
Suelo echar una vista de quién se pone a mis costados o frente a mi, no sé si lo hago por seguridad o mera manía de alimentar mi curiosidad.

Seguí leyendo y entonces me comencé a sentir un poco incómoda, bajé el libro de mi rostro y noté como el sujeto que estaba en las escaleras traseras del camión me miraba absorta en mi lectura, y entonces me sentí aún más incómoda cuando volteé a mi izquierda y vi a la señora observándome. Ambas personas hicieron como que no los vi y los tres volvimos la vista hacía otro lugar, obviamente continué mi lectura. Entonces el camión dejó subir a otro sujeto, guapo por cierto, por las puertas traseras, y todo mundo continuó en su rollo. Llegando a Periférico, volvió la incomodidad a mi. Eche un vistazo y ahora ambos sujetos miraban como leía aquella novela, entonces a mi izquierda la señora que antes me veía leer rompió el silencio y me dijo "Que no te de pena, es que les gusta verte estudiar". 

Puedo entender perfectamente que a una persona le fascine ver a otra persona cuando esta se encuentra cautivada por la lectura, me ha pasado, me deleita ver a un hombre leyendo cuando se haya ensimismado en el libro, sin embargo, lo que me dejo patidifusa fue la palabra que utilizó mi compañera de viaje, "estudiar". 
Lo curioso resulta de esta palabra, de que las personas definan o entiendan que leer es algo así como un sinónimo o acción de estudiar, y recuerdo a Guillermo Fadanelli hablar en su libro "Elogio a la vagancia" acerca de este tema, nos decía que la gente por antonomasia define la lectura como estudiar, y encuentran, en muchos casos,  la lectura por placer un acto aberrante, una perdida de tiempo, algo simple y vano. 

Este señora me decía que a ellos les gustaba verme estudiar, y entonces no supe como decirle que en mis manos no tenía un libro de estudio o mi meta o fin no era ese, que yo sencillamente tenía en mi ojos clavados a una autora de novelas y tenía en mente leer por el mero gusto de leer, que con mi edición de Alfaguara no pretendía aprender para mis trabajos finales, cosa que sí, tal vez debería hacer, estudiar para mis trabajos académicos, pero ¿cómo le explicaba que no todo en la vida era sentarse y estudiar?  ¿que no toda lectura se hace por ambición de conocimiento o para un aprendizaje pragmático que me dará frutos económicos? 

En verdad no sé como explicarle a la gente que no leo para estudiar, y que sí, me atrapan más las lecturas placenteras que lecturas de estudio, no sé tampoco como decirle a mamá que aunque estoy en época finales de semestre no dejaré de leer novelas, porque me encuentro feliz leyendo por amor a leer. Y rescato a Fadanelli, que dice en su ensayo "Veracruz", cierto es que hay dos momentos en la vida que se hacen solos; morir y nacer, y cito "En verdad lo siento, pero entre esos dos actos dedicaré mis días a leer novelas inútiles: y que el mundo se venga abajo (donde ha vivido siempre)". En verdad lo siento. 

lunes, 23 de marzo de 2015

De la mujer que él amaba.

Salí de mi casa con la intención de embriagarme, sentir como el alcohol naufragaba mi razón y entonces poder hablar en alguna cantina a algún pobre diablo acerca de aquello que estaba quemando mi interior.

Tomé un taxi con dirección a los bares del centro, aquellos que por vox populi eran considerados "de mala muerte", pero donde se sabe puedes conocer a cualquier desgraciado como yo.
Recuerdo nuestra primera cita.

Le pagué a aquel sujeto que poco charlo conmigo, no era el clásico taxista-psicólogo del que te cuentan en las calles, de esos que sin más irrumpen en tu vida con su sabiduría de ruletero.
Me despedí de él no sin antes pedirle su número por si acaso necesita regresar a casa, él, con una sonrisa simpática y maliciosa me lo ofreció sin chistar un segundo. Bajé del sedan de 4 puertas y entré a aquel lugar que llevaba por nombre algo así referente a hierba.

El lugar era acogedor, pequeño e íntimo, con gente que a simple vista resulta ser agradable. Una pequeña barra y un par de bancos altos, no dudé y me senté en uno.
Pedí una cerveza, cualquiera bastaba para mi fin.
Bebí un par de ellas hasta que aquel sujeto de piel morena y mirada profunda se sentó a un costado de mi. Pidió una "corona", el destello de impotencia emergía desde lo más adentro de sus entrañas saliendo sin dudar por cada uno de sus poros.
Supe de inmediato que aquel era el pobre diablo que pretendía encontrar desde que tomé el taxi. Dije sin dudar "Salud, por las bellas damas que jamás serán nuestras." Él alzó la cerveza y dijo "salud", volteó su cuerpo y sus ojos se clavaron en los míos, fue una confesión, aquel hombre sufría igual que yo, amaba y no la tenía, no era para él, estaba lejos de sus brazos, no podía besarla.

Le tendí la mano, por educación, vaya usted a saberlo porque hice aquel gesto en aquel bar de rock. Esperaba un apretón de manos y lo que obtuve fue una palmada, eso que llama "chocarla", me dijo su nombre y yo respondí con el mío.

Para la media noche eramos dos pobres diablos hablando de infortunios, de malas rachas, pero entonces llegamos al punto crucial de la noche, eramos dos almas rotas por el amor, la desesperanza, la desconfianza,

Mi confidente me cuestionó acerca de aquella bella dama del brindis, la cuál no podía tener, entusiasta por conseguir el cometido de la noche comencé:

"Es una bella mujer de ojos color café, cabello suave que vuela con la primavera y se adhiere con el invierno. Nunca supo como llegué a amarla, tal vez ni yo mismo lo sé, pero seguro es que en mi nace y muere el más puro y sincero sentimiento por ella.
Lo que ella no entiende es que es hermosa, y tal vez es lo que más me guste, que a pesar de ser linda como el sol al amanecer, ella no peca de arrogancia, de vanidad. Es dulce y fuerte, y de tanto en tanto, como bella maldición, es obstinada, terca, y a veces no sabe cuando parar.
Podría hablarte maravillas de ella, pero por miedo a que te enamores de ella dejaré a tu imaginación el resto de aquel ser que vive y sin querer ha roto mi corazón.

¿Por qué lo rompió? Verás, no hace mucho ella tenía una coraza en su corazón, una armadura que era impenetrable, o eso creía ella. Moría del miedo por verse involucrada en el amor, y evitaba a toda costa cualquier tipo de relación que la hiciera perder la razón. Cuando la conocí ya tenía esta coraza, así que no tuve mucha oportunidad, pero a cambio, la tuve como amiga, y amigo, sólo Dios sabe cuan agradecido estoy de por lo menos tenerla como amiga.

Yo era feliz así, porque por lo menos sabia que me quería a su manera, como a muy pocos. Hasta que llegó él, y aún no me explico como pasó, qué fue lo que tiene ese hombre que nadie más tiene que logró atravesar sin más aquella armadura, aquel corazón duro y temeroso. 
Ella se enamoró de alguien, de alguien que no era yo.


No es que la creyera mía, pero me duele verla sufrir, porque si por lo menos ella fuera feliz con él, entonces valdría cada suplicio que vivo al escucharla hablar de él. Pero no es feliz, ella  entregó lo que pocas veces en la vida se ve, entregó su esencia, se entregó, entregó alma y corazón y no supieron que hacer con tanto, con aquello que ella guardaba celosamente. La hirieron.

Hoy brindo por ella, por el amor que le tengo, porque nunca será mía, porque me duele verla llorar por un hombre que no sabe valorar."

Terminé mi discurso y mi nuevo compañero de penas, sin quererlo, soltó una lágrima pérfida, la secó y dijo:

"Compañero, ¿cómo puedes vivir así? ¿cómo puedes amar a alguien que sabe nunca será tuya?

Yo, yo soy un pobre diablo que a diferencia de ti, no esta seguro de lo que quiere, pero sabe de la belleza de la mujer que lleva en el pecho, clavada como una estaca, porque tal vez este seguro de que hay pocas mujeres como ella, pero hay muchos hombres como yo, que tal vez ella algún día se cansará de este pobre diablo y entonces buscará a alguien que viva como ella, y entonces no quiero ser como su dama, no quiero que a mi me lastimen, y entonces fui yo quién salió corriendo, para evitar el dolor que ahora vive la mujer por la que tú sufres."

Guardó silencio y bebió hasta el fondo de su cerveza, no dejó una sola gota, y en mi, para ese entonces, sólo me surgía un viejo dicho: "El mundo es muy chiquito" ¿Será posible? ¿será un juego? Tenía que salir de dudas y entonces saqué el celular, busqué una fotografía de aquella mujer por la que estaba embelesado, y le dije al sujeto de la barra: "Dime que esta no es la mujer que has lastimado por no salir herido, por cobardía. Pero así como digo, Dios sabe cuanto te encanta".

El silencio reino, como jugada del destino el lugar calló la música, los demás callaron y él sólo miraba el celular aquella imagen, y en su rostro estaba marcada la expresión de estupefacción más aterradora que he visto en mi vida. Trás un segundo siniestro volteó a ver mi rostro, apartando su cuerpo de la barra y de sus labios sólo se pudo escuchar un "no es posible" ahogado.

La sangre comenzó a calentarse, sentía mis miembros temblorosos, tenía rabia e impotencia, quería golpearlo, quería hacerle saber cuanto lo odiaba, y le dije:

"Eres un idiota, no sabes cuán idiota eres. Tienes a tus pies a la mujer más fascinante de mi vida, a la mujer que emite luz tan sólo con sonreír y verte a los ojos. ¡La tienes, carajo, la tienes! y tú sólo pretendes que no importa, sólo por una estúpida corbardía."

No pude decir más, ambos sabíamos que si seguíamos en el mismo lugar aquello no terminaría bien. Él sólo pudo responder con un "lo siento, hermano, en verdad lo siento, no puedo ser valiente, no ahora, no con ella."

Mientras me apartaba de la barra y a su vez de aquel hombre que había destrozado a la mujer que amaba le grité sin importar si la gente llegara a pesar que estaba loco:

"Felicidades, la has convertido en piedra, porque si antes llevaba una armadura, al romperla lo único que has conseguido es que se vuelva de piedra y nadie más pueda tener acceso a ella, ni siquiera tú."

Salí de aquel bar sin rumbo, pensando en ella, imaginando su mirada, sus ojos café,  para así poder calmar mi rabia.

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.