lunes, 14 de febrero de 2022

Carta a ti, que siempre me lees.

Paul García, querido amor.

Antes que nada quiero que sepas que no esperé una fecha comercial para escribirte, sólo es que hoy desperté con esa sensación de querer decirte todo eso que me has aportado, todo eso que me haces sentir y por lo me has ayudado a crecer.

Sé que con los años a veces se pierde el detalle de expresar el amor que uno siente hacia el otro, y no quiero que pasen más meses sin que sepas que a pesar de todas las vicisitudes y de todos esos embrollos que hemos pasado aquí tengo mi vida para ti, para compartirla contigo, para ser siempre uno a lado del otro (hasta que esto nos dure, que espero que sea para nuestra eternidad).

Un día me giré en la escuela para entrometerme en una charla en la que participabas, y sé que me viste con cara de "esta mujer porque se mete" y me apene, y sólo pude regresar la mirada al frente. Tiempo después coincidimos en una reunión en un bar y allí, entre la nada y lo que puede ser, estábamos charlando, y sin querer comenzó lo que ahora es 4 años de relación. 

Llegó el altibajo más cruel de mi vida, y allí te quedaste tú, a mi lado, porque para ese entonces ya había demasiada conexión entre ambos, quizá no te había expresado cuán agradecida estoy de que me apoyaras y de que lo sigas haciendo, a pesar de que esta batalla que libro contra la vida es algo que no pediste, que no mereces vivir, y aún así, sigues ahí, al pie del cañón. 

Sé que he cometido errores, qué he sucumbido ante ciertas situaciones que han puesto en riesgo esto que hemos construido, y quiero que sepas que me arrepiento, y sé que con pedir un perdón no basta, que con el arrepentimiento no se remiendan los daños en el corazón. Por eso, quiero que sepas, que todos los días lucho por volver a cimentar la confianza que en algún punto traicioné. 

Del amor poco sabía y del dolor me había convertido en experta, y por ello había hecho una coraza en mi corazón que tú supiste atravesar sin dañar, porque te enseñaron desde casa que un hombre no lastima y que ofrecer lo que uno es, no lo que uno tiene, es más poderoso que las palabras vacías.  

Me has enseñado que la vida no es cálculo cuadrado, que la existencia es más que aprender de libros y teorías, que allí afuera te pueden comer por no saber de la calle, que uno puede seguir en este juego si se tiene intuición y sobre todo si hay pasión por la vida misma. 

Me encanta tu ejemplo de perseguir los sueños y convertirlos en realidad. Tu entereza ante los problemas. 

Hoy, me doy cuenta de lo mucho que significas para mi y de lo poco que te lo he escrito.
Una vez leí en algún sitio que "si un escritor se enamora de ti nunca morirás", y es cierto, porque habrá historias, cuentos y cartas dirigidas así ese ser amado que lo harán perdurar.  Así que hoy me prometo que no dejaré que mueras, porque te amo, porque si algún día esto que tenemos se apaga me encantaría que el mundo siempre recuerde que en este corazón remendado has vivido y siempre vivirás. 

Firmaré esta carta sin un seudónimo, porque quiero que sepan que esto que siento por ti es real y no son palabras al aire. 

Con mucho amor, Ana Rivera.

 


miércoles, 17 de noviembre de 2021

De trabajos y hielos al sol.

 A veces somos como un hielo al sol, derritiéndose mediante pasan las horas y sintiendo que poco a poco se acaban las oportunidades de estar, de sentir que hay más allá del "aquí y ahora". 


Hace un par de horas viví esa sensación.
Crecí con miedo al fracaso, y de allí vienen a desarrollarse un sin fin de problemáticas en mi vida, sólo por un miedo, que ahora veo absurdo. Conforme pasaban los minutos, sentía en mi pecho un enorme apretón que hacía que mi respiración fuera entre cortada, que doliera al salir. 

Desde hace tres años que no tengo un empleo fijo, de esos de 8 o 9 horas laborales, prestaciones de ley y su sueldo quincenal o semanal seguro. A raíz de mi primer colapso "nervioso", si es que así se le puede denominar a la caída súbita por la bipolaridad, he presentado este patrón. 

No me puedo quejar, en realidad en estos años no he dejado de trabajar, salvo por un par de meses y eso a causa de recaídas. Pero lo cierto es que he estado trabajando, en punto de venta, inclusive en una agencia de marketing, de donde puedo decir, salí feliz por mi propia cuenta.
Así mismo me he prestado a servicios freelance de redacción (benditos meses fueron esos). Ahora, me encuentro trabajando con mi pareja, en su negocio de créditos hipotecarios, y me gusta, me encanta ver como se esfuerza diariamente por ser propio jefe, de ajustar tiempos y sobre todo, sobrellevar la chinga que es tener que ser tu propio jefe. 

Me gusta estar presente, porque a parte de verle a hacer magia laboral, me ha ofrecido aquello que los empleos "formales" no podrían ofrecer, y es que ahora soy dueña de mi tiempo, de mis entradas y salidas, claro está a cumplir metas, y sobre todo a llevar bien el trabajo que se me ha dispuesto. 

Pero, recapitulo, me he sentido derretir porque a veces tenemos desencuentros en los que me solicita mayor proactividad, y lo cierto es que tiene razón, pudiera hacer más por el negocio, ayudar a que esto crezca y podamos ser una mancuerna ideal para salir de todos los baches, pero, incluso en mis mejores tiempos de enfermedad, me da miedo dar ese salto, porque aún sigo siendo esa niña con miedo al fracaso. 

Hace no muchos días me dijo alguien muy sabio y que me conoce muy bien lo indispensable que me volví, tiempos atrás, en mis antiguos trabajos, y que eso no cualquiera, que inclusive eso pudo ser un factor que me envío a las garras del sobre estrés, una carga en la que mi mente y cuerpo no pudieron más y entonces explotaron, sintiendo, nuevamente, que el fracaso había sido la razón de mis renuncias, de mi colapso, y sobre todo de mi enfermedad. Pero lo que aquella persona me decía era que necesitaba volver a sentirme así, no con estrés por otros, sino indispensable, fuerte en lo laboral y sentir que soy capaz de realizar tareas por mi propia cuenta sin necesidad de un manual.

Y pues aquí estoy, en una encrucijada entre dejar la bondad del trabajo con mi pareja y el de salir a pelear por un puesto de 8 a 6.

Aunando a esta difícil decisión, se vienen las palabras, ciertas y con razón, de mi novio, puesto que día a día me alienta a ser mi propia jefa, a no regalar mi sabiduría a otros por un salario mínimo con horarios complicados para mis citas terapéuticas y médicas. Que soy muy capaz de hacerlo por mi cuenta, y entonces el sol irradia más fuerte, y el hielo comenzó a derretirse con mayor rapidez. 

En fin, hace minutos sentía mi corazón salir de mi pecho, benditas sean las letras, pues ahora, en este mismos instante me siento más tranquila, y entonces mi panorama se abre y entiendo muchas cosas.
Me acabo de dar cuenta que mi pareja tiene razón, puedo ser capaz sin necesidad de recibir instrucciones de un alto mando que al final, podrá prescindir de mí, porque no estoy dispuesta a desgastar mi salud emocional nuevamente. Que es momento de "agarrar los toros por los cuernos", y entonces que puedo emprender, que soy hábil, y que aquella persona sabia que me recomendaba un trabajo fijo, también tenía razón, pero referente a mi persona, que si necesito ser productiva, indispensable y proactiva, puedo hacerlo por mi misma, sin necesidad de la aprobación de alguien más. 

En este mismo instante les diré, trabajo,  no recibo un chivo, puesto que me levanto a realizar trabajos laborales, porque me esfuerzo porque caiga "la papa", porque hoy día laboro en la empresa de mi novio, y que él me paga por comisión, así que si no soy activa en mi trabajo, sencillamente no gano.
 

Necesito dejar en claro, para mí, por mí, que si no tengo un trabajo "estable" no quiere decir "fracaso", es sencillamente un vista hacia otro rumbo, donde no cualquiera pude voltear, porque piensan que la realización personal es en un empresa no propia. 

Aquí le dejo, porque esta verborrea me ha hecho sentir que le debo dar un fuerte gracias a la vida, por darme la oportunidad de estar aquí y ahora, de no ser un hielo, y de que el sol a penas se haya asomado el día de hoy.

P.D. Es momento de empezar mi propio negocio.

sábado, 19 de junio de 2021

Carta a ti, bipolaridad, mi entrañable amiga.

Estimada bipolaridad: 

 Hoy quiero romper el silencio, quiero darte la bienvenida en mi casa, en mi 8-C. 

Me ha nacido escribirte a ti, que has reinado mi mundo durante toda mi vida, pero a quien apenas conocí de frente hace apenas 2 años.  A ti, quién me dirigió al verdadero vacío y me enseñó la cara más frágil de la vida. 

Poco conocemos de ti, bipolaridad, porque hemos estado viviendo en un mundo de inexplicables confusiones en donde se ha mantenido el desorden de la explicación de que eres un simple cambio en el estado de ánimo, y donde el padecimiento es un juego para los demás. 

A ti, estimada amiga, te debo mi fortaleza, mi entereza actual de saber como sortear mis problemas, porque midiéndolos contra ti, todo lo demás es miniedad. 

Porque una vez mostrada esa cara de la depresión constante que me ha llevado al filo del suicidio puedo decir que vivir, hoy, es una fortuna. 

Te agradezco también porque me has enseñado quienes son los verdaderos amigos, que ante el fracaso, las caídas, las manías, el sexo desenfrenado y una que otra pérdida de memoria ante la manía han estado allí, y sobre todo, ante tu diagnóstico no se fueron de mi lado. 

También me enseñaste que la familia estará contigo ante cualquier situación. Que no importa el dinero, la distancia o el miedo ante ti, ellos estarán para mi porque me aman. 

Entrañable bipolaridad, tanto te debo que no me han bastado los últimos párrafos para poder agradecerte. Pero es que ha sido tanto tiempo, tanto aprendizaje que una carta no bastaría para demostrarle al mundo todo lo que me has regalado. 

Antes de aceptarte intenté luchar contra ti, y no me gustaría que dejaras pasar por alto que el que hoy te escriba tiene que ver mucho con que el hombre de mi vida me hizo entrar en razón para poder admitirte. Gracias a él hoy puedo entender mejor mi diagnóstico y sobre todo, me ha enseñado que no soy eso, "el diagnóstico", no soy tú. Que sólo eres una condición más. 

Poco sabemos de ti y eso me aterra en momentos, porque cuando creo que te he llegado a conocer del todo, caigo en la cuenta de que no conozco ni la medida de tus tobillos. Pero he entendido que tú si me has sabido comprender, que tú has llegado a conocer mi talón de Aquiles y con ello, has hecho que me quiebre a ratos. 

Lo dual se ha apoderado de mi, querida amiga, tanto que la prescripción ante ti ha llegado en dos: medicamentos y terapias. Porque me han explicado que debo aprender a vivir contigo, porque eres esa condición médica que no desaparece cual catarro, porque eres parte de mi, así como yo soy parte de ti. 

Estimada bipolaridad, hoy necesito que el mundo te conozca, para que también logren entender mis verdaderos miedos. 

Me nace escribirte esta carta, para demostrarme que no tengo más problema en aceptarte, que entiendo las vicisitudes que me han llevado a ello, pero sobre todo, porque he aprendido a amarte. 

Con verdadero y estimado amor, la extranjera en el 8-C.


P.D.

No dejes de enseñarme cosas, que prometo, por el amor que me aprendido a tenerme, que cada lección la aplicaré en mi día a día...pero sobre todo, la compartiré con el mundo.


martes, 12 de noviembre de 2019

Allá afuera va a llover

Veo el cielo y comienza a nublarse, se pinta de un gris que anuncia una tormenta y no logra inmutarme, ya nada ha conseguido hacerlo en este último año. La saciedad y el placer son dos cosas que he perdido, que tristeza, pues en ese sin sentido he arrastrado al fango a personas que amo y que llevan por bandera el signo de interrogación, "¿qué puedo hacer yo?, ¿qué es lo que le pasa?", y no entienden que ni yo misma logra explicarme esta perra enfermedad.

Estoy en casa, en mi 8-C escribiendo porque las ganas de correr al abismo me corroen, porque perderme suena tan tentador, y sin embargo lucho, peleo contra ese gran tigre que intenta apoderarse de mi, que me aprisiona en mi misma, porque así, desde pequeña aprendí a pelear, a defenderme, y no permitiré que esta afección me arrebate el único goce que me queda. 

Afuera el color anuncia la tormenta, aquí adentro llueve desde enero...

Entrega 3.

El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.