sábado, 12 de septiembre de 2009

¿Y si les digo que anoche morí?





¿Que qué paso? las lágrimas de mi madre, la desesperación de mi hermano y las hipócritas visitas, unas lágrimas más falsas que mi “interés” por las matemáticas y un reencuentro tardío, el alivio de aquella perra enemiga tan querida y la tristeza de mi amigo hace años ya olvidado, ¿Y mi padre? en alguna peda con música country una buena chela y una puta a su lado, pero sin duda se ha enterado. Galletas y café, un poco de mocos y muchos pañuelos, oraciones y rosarios pidiendo por mi “salvación” ¿Salvación? yo no necesito una salvación divina, no creo en eso, aparte no lo necesito, amo mis “pecados” cometidos. Parafina quemada y las horas pasadas, la madruga y aún no llega mi mejor amiga, es obvio, aquella maldita y la hipocresía reencarnada eran las misma persona, hoy me doy cuenta, unas charlas escapadas y unas sonrisas fingidas, que idiota no me había caído el veinte. ¿El corazón desecho de mi novio? Para nada, sólo unas lágrimas y unos sollozos, mi prima se acerca, lo abraza y le dice “todo estará bien”, claro que sí, hallara consuelo en esos espaguetis que tiene por brazos, la conozco, es una “Lolita” , que decir de él, con esa cara finita cualquier golfa cae a sus pies. Es cosa que veo y no la creo, ¿el tío “adinerado” se digno a bajar con la prole y acudió a mi funeral? ¡ah! con que canija razón, un abrazo a mi madre, asquerosamente falso, y un flash aparece cegando, le dice “mis condolencias” y se retira el muy patán, cerdo. La aurora se acerca y el lugar se refresca, muchos se han ido a dormir, plácidamente yacen en sus colchones, por fin me siento tranquila sin tanta gente a mi lado, sin tanta falsedad y… ¿qué es lo veo? al joven que rechace por el de la cara finita, entra titubeante y un par de lágrimas logran escaparse, abraza a mi madre, el más sincero, no se dicen nada, y se posa a mi lado, ¿qué me sucede? Lo veo y quiero tocarlo y me doy cuenta de que es tarde, mi oportunidad se a escapado, realmente la desperdicie; toca el cristal y con la más pura verdad articula “S-I-E-M-P-R-E-T-E-A-M-A-R-E” ¿Por qué me hace sentir, ahora que morí? Resbala sus dedos por el cristal empañado y muerde sus labios para ahogar aquel grito acallado, con fiel firmeza me dice “Espérame, se que te alcanzare, aunque no pudiste ser mía en esta vida en aquella lo lograré”. Se retira de frente, teme darme la espalda, abraza de nuevo a mi madre y huye de su pesadilla. El adiós menos inesperado, el que me dejo petrificada, fue el más bello y hermoso y el que nadie recuerda. El día por fin llega, la carroza me espera. El sepelio se siente, la tierra me cae, mi madre se tira, no lo soporta, porque nadie imagina enterrar a su hija.









Ana Karen Carrillo


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El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.