viernes, 30 de octubre de 2009




Las gotas de sudor recorrían cada parte de su cuerpo… se trasladaron desde el cabello tratando de salir a como diera lugar, presas de aquella telaraña de lacios y largos hilos que las sostenían. Comenzaban su camino en la sien, derramaban extraña adrenalina y rareza, la mejilla se notó un poco mojada por aquellas esferas cristalinas que se deslizaban por el cuello marcando un cause como los ríos, queriendo encontrar salida pero sin poder hallarla.


Se deslizaron hasta llegar a la “V” del cuello, que se hundió un poco para luego darles paso a una deslizada entre los senos, donde aquellas huellas, semejantes a las que deja el rocío, sufrían al no poder pasar libremente, simulando estar estancadas en una presa. Finalmente… las puertas se abrieron, dando paso para que se deslizaran en picada libre sobre el abdomen hasta llegar al centro de aquel gran mundo en el que se encontraban; en ese espacio, se hicieron una sola, transformándose en un remolino del cual, solo una parte logró salir, descendiendo para yacer muerta en la entrepierna…

Ana Karen Carrillo


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El grafógrafo [Salvador Elizondo]

"Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo."

El grafógrafo.

Salvador Elizondo.